miércoles, octubre 25, 2006

Mystic River

del 28/10/2003....
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Quizá mi admiración por Clint Eastwood se deba a su tenacidad. Este vetusto hombre de Cine (tiene 73 años y 59 pinículas como actor y 26 como director; que nadie lo olvide) empezó con 25 años. Sus primeros papeles no eran gran cosa, e incluso se le dio mucha cera por hacer de Harry "Dirty" Callahan. Sin embargo había algo único, personal y mágico en todas y cada una de sus interpretaciones, y algo más, se apreciaba que el bueno del Sr. Eastwood (léase con voz de Marty McFly tatarabuelo) miraba algo más allá. Será por su arrojo y tesón, y la estricta observación de las reglas de este mundo del Cine, atesorando experiencias que cuando en 1971 se lanzó a dirigir su primera pinícula ("Escalofrío en la noche") ya se veía por donde iba. Luego vendrían cintas como "Ruta Suicida" (que no hace falta ser El Dirigido para apreciar ciertas dotes) y más tarde "Bird", luego "Cazador..", luego nos regaló la magnífica y perfecta "Sin Perdón", "Un Mundo Perfecto", "Los Puentes...", "Poder Absoluto" (que contiene un travelling inicial en el museo IMPRESIONANTE), "Medianoche en el jardín del bien y del mal" (la que para mí es una maravilla desconocida), la fallida "Deuda de Sangre" y ahora, un año después, nos ha dejado una obra maestra sin paliativos, esta "Mystic River".

Al tener el placer de contemplar ESTA MARAVILLA, UN VERDADERO MANJAR PARA EL CINÉFILO, especialmente ahora en que los cross-over de personajes de terror o cómic marcan la pauta de la comercialidad, y por ende, de lo que se estrena, flota sobre su última pinícula la sensación de que el estilo de Eastwood dirigiendo cine ha conseguido alcanzar la cima, y que su propia interpretación de los géneros que toca no puede dar más de sí, pero con el astuto Eastwood nunca se sabe si aún es capaz de dar otra vuelta de tuerca más y podrá encontrar tesoros resplandecientes donde otros sólo ven basura, hallazgos de originalidad donde la mayoría encuentra tedio e inteligencia donde los mediocres se recrean en su estupidez. Es posible que "Mystic River" sea la mejor pinícula que Eastwood ha dirigido en toda su carrera y que nunca logre superarla, pero al autor de "Bird", "Cazador blanco, corazón negro", "Poder absoluto" o la inmensa "Sin perdón", por sólo citar cuatro ejemplos de entre los anteriores, se ha ganado el derecho (si es que no se lo había ganado ya con tan sólo estas cuatro obras maestras) a entrar en el panteón de los más grandes del cine, ahora sí, tengo un nuevo dios detrás de las cámaras.

"Mystic River" es una cinta CREPUSCULAR en la cima de una carrera. Abandonado el género de Clint por excelencia (el Western; cerrado de manera INALCANZABLE, PERFECTA con "Sin Perdón") se vuelca (una vez más) en su segundo y amado género, el Thriller policiaco al que Eastwood le ha restado importancia al hecho policiaco en sí para dotar de mayor bagaje de sentimientos y emociones que nunca. Con una factura visual perfecta (mejorando la de "Poder Absoluto"), un guión impecable, una dirección de actores encomiable, seis MAGNÍFICAS interpretaciones y una dirección tras la cámara BELLÍSIMA, Eastwood cierra, de nuevo, un género a su manera. Eso sí, sin abandonar las raíces de su forma de hacer Cine, eso que decía yo que atesoró durante muchos años, pues "Mystic" contiene los mismos ingredientes, HONESTIDAD, ARROJO, FUERZA, DRAMATISMO, y sin duda alguna, nada de trucos y engaños fáciles, el espectador obtendrá lo que quiera sacar de la cinta, pues esta nos muestra las cosas con el alma de Clint, pero nosotros sacamos conclusiones. "Mystic River" habla de muchas cosas con el estilo de Clint. Es acojonante lo redonda que resulta la historia, las cientos de miles de referencias que hace durante el metraje Eastwood a temas que otros no querrían ni mentar. Hay un paralelismo entre las vidas de los personajes, y como intercambian los sufrimientos y las condenas, para al final, encontrar en el río esa redención..o quizá no. La pena de muerte, lo importante de las decisiones pequeñas, la traición, la lealtad, la mentira, la confianza son tratadas de manera nada discreta, con una sencillez y un sentimiento increíbles.

"MYSTIC RIVER" ES UNA PINÍCULA REDONDA, PERFECTA, MARAVILLOSA SE MIRE POR DONDE SE MIRE, PROFUNDA, ENTRETENIDA, PERO SOBRE TODO ES UNA OBRA ESCRITA CON LA CABEZA Y DIRIGIDA CON EL ALMA. En manos de cualquier otro, las piezas perfectamente engarzadas de este guión de altura se desmoronarían ante cualquier falta de precisión en su puesta en escena, ante cualquier desliz cometido por unos ojos peor entrenados que los de Eastwood, y todo acabaría en el fango en lugar de elevarse y elevarnos de la manera que lo hace. Eastwood no sólo es capaz de entender este material para trascenderlo sin aburrir a nadie (salvo a los que se aburren si no ven disparos en lugar de miradas, explosiones en lugar de personajes y trucos de cámara en vez de una mirada limpia y honesta) sino que también es capaz de manejar a unos actores maravillosos para que den lo mejor de sí mismos sin esconderse detrás de ningún parapeto interpretativo, para que salten sin red hasta el fondo de su personaje confiando tan solo en su director y en su propio talento conscientes, eso sí, de que quien falle se mata en el intento, porque Eastwood les ayuda pero no les engaña, no les ofrece esquinas fotográficas por las que escaparse ni trucos de montaje por los que esquivar una mirada engañosa, un gesto a destiempo, un error de cálculo. Eastwood era consciente de que los actores tenían que sostener el tinglado y no ha dudado en elegir a los mejores, porque además sabía que una vez que tuviera a uno, no podía embarcar a otro de menor categoría a su lado sin que la mesa cojease, razón por la cual la pinícula no tiene ningún dueño que destaque sobre el resto salvo el que el propio Eastwood quiere lograr en cada escena, logrando con su maestría situar el nivel de presencia de cada personaje de acuerdo a sus intenciones en cada momento, subiendo a unos y bajando a otros según la intensidad que precise para luego situarles a la misma altura o invertir su importancia, con lo que consigue que todo el reparto funcione como una orquesta, apartándose cuando lo requiere el momento y ocupando luego su lugar exacto para conseguir la máxima coherencia interna a cada escena y que la pinícula funcione como una máquina perfectamente engrasada.

Anticipemos que estamos ante una historia dura, y, de nuevo, en el mejor sentido de la palabra, madura. Resulta reconfortante que inundados por un cine hecho por y para quinceañeros descubramos una historia adulta (es increíble que la edad media de la sala fuera más de 30 años), deliciosamente rodada y magistralmente interpretada. De "Mystic River" destaca la fuerza que Eastwood le da a los personajes. Las tres interpretaciones principales son de ESCÁNDALO. Penn está perfecto (al que ya deberían estar mandando el Oscar por UPS), Robbins indaga en una personalidad compleja y atormentada como nadie, pero Bacon compone un personaje increíble, cuidado por el propio director, dotándole de momentos increíbles. Especialmente Bacon que lleva, en teoría, el papel más gris del reparto y está descomunal, la mayoría de las veces simplemente dando un recital de cómo se escucha a otro actor en pantalla, no simplemente con la mente en blanco y los ojos vidriosos, o intentan recordar el pie que da entrada a tu frase. Clint viendo perfectamente lo que tiene delante, mima a Bacon, componiendo planos donde lo mete en el encuadre aunque sólo esté escuchando (como la charla en la cafetería del Tanatorio, momento de tremendo impacto dramático, donde Bacon con dos frases y media y sólo escuchando, se merienda a un actorazo como Sean Penn). Los tres por si mismos conforman el armazón de la cinta, pero es que las féminas, tanto Gay Harden como Linney (estupenda última escena donde hace de "Lady Macbeth") están geniales y sacan oro de sus personajes y hasta Fishburne demuestra que hay vida fuera del insulso Morfeo. Poco más se puede añadir, el trabajo actoral es IMPECABLE Y PERFECTO, no sólo por el talento innato de ellos, sino también porque el director también cuenta.

De todas formas corrige el error de hacer que sus protagonistas verbalicen las tesis del autor (aunque sea sutilmente y como de pasada) como hacía en "Sin Perdón", cuando William Munny, mirando al horizonte y pasando una botella de whisky (como el que NO quiere la cosa), discurseaba de lo lindo (Clint, como director, por medio de Clint como actor, por medio de William Munny) sobre la herencia de una vida violenta, con el aprendiz de pistolero, hundido, y lloriqueante, tras su primer asesinato. En "Mystic River" no hay nada de eso, y Clint deja que el espectador por sí mismo vaya sacando sus conclusiones, en un registro mucho más complejo, que amplifica, extiende y redimensiona su temática habitual (la capacidad imparable de destrucción y extensión, gangrena moral, y traumas incurables que arroja la violencia en un asfixiante, insoportable e "invivible" universo "gris boca de lobo", donde todos, incluido Robbins, su numerito con el pobre hombre que se divierte con un chapero, es de juzgado de guardia, son verdugos y víctimas). Una sociedad donde habría que irse a buscar con pinzas entre algunos niños (no todos evidentemente, visto lo visto), por ejemplo los protagonistas antes del detonante fundacional de la tragedia, para encontrar personajes sin una mácula, de ese cáncer que está en la sociedad donde viven y que en muchos casos los terminará afectando a ellos también, y matándolos a la larga. Acostumbrados a diablillos que pasan de un cuerpo a otro por el contacto, o a virus mortales que se expanden por el aire, a buena parte de los espectadores les debe de sonar a chino eso de que haya algo invisible flotando en el aire, que a la larga los acabará matando de una forma u otra (muertos en vida, como esos "Vampiros" de Carpenter, referencia nada gratuita a otro cineasta de raza incombustible, como John Carpenter), pero ese "algo" está pegado a nuestros huesos y nuestra carne, pegado a cada neurona de nuestro cerebro, alimentado desde que nacimos por una sociedad, una cultura, una forma de vida, unas imágenes e iconos referenciales y educativos, que nos impide eliminarla si no es arrancándonos el cerebro y lavando el alma en unos ríos que ya no lavan nada, pues están repletos de muertos, y de fantasmas del pasado. La tesis, el subtexto, el fondo dramático y ético de la pinícula es ciertamente acojonante por su negrura y pesimismo, y por la fiereza (sutileza dramática y elegancia cinematográfica) con que arroja a la pantalla lo que casi nadie quiere afrontar realmente cuando se debaten (política, institucional, educativa, culturalmente, etc) los problemas que tenemos en las sociedades que hemos creado. Clint no echa ni un sólo balón fuera, COGE A LA BESTIA POR LAS PELOTAS y te la pone en la pantalla bajo los focos, pero cuando la pinícula acaba, te das cuenta, con un escalofrío, que lo que realmente te había puesto era simplemente un espejo.

Hay en "Mystic River" muchas escenas para el disfrute y el recuerdo cinéfilo. Toda la escena inicial de la tragedia está contada con una franqueza de imágenes y un ritmo excepcional, encadenada soberbiamente con la presencia de Robbins, y su gorra. Aquél día en el que se monta en el coche de pequeño no se olvidará nunca, ni siquiera al espectador, y años más tarde, volverá a subirse a un coche en la parte de atrás, con dos hombres (que le harán daño) y mirara hacía atrás, como mirando por última vez a lo que deja atrás. La escena del cadáver de la chica, es, sencillamente espeluznante. El dolor de Penn, unida a la fuerza visual que Eastwood dota con la cámara cenital, y Bacon que lo dice todo con los gestos, me puso la piel de gallina. Las referencias a los lobos y las pesadillas, a las almas en pena y no muertas como los Vampiros (de John Carpenter nada menos, todo un cable de Eastwood) son acongojantes y acojonantes. El dolor y la lucha de Robbins por lo que ha hecho (y no por lo que creen otros que ha hecho) es demencial. Penn tiene que vivir con su vida pasada en la cárcel (que Fishburne no preguntaba en vano en el tanatorio) y eso le hace convertirse en el rey del barrio, y su mujer, su 'Lady Macbeth' lo deja bien claro. Bacon tiene que lidiar con una vida sin sentido y un dolor personal, pero además ser quien cargue con el peso de descubrir al asesino de la hija de un amigo suyo...en fins..

"Mystic River" parte de una novela muy bien trenzada y arranca con un suceso ocurrido en la infancia de los protagonistas, que Eastwood traza con pulso firme y sin caer en ningún momento en maniqueísmos estéticos. A raíz de este punto de partida, la pinícula se traslada a la actualidad y otro suceso de carácter trágico (un asesinato) hace que la obra se desarrolle aparentemente como un thriller policiaco en busca del culpable, algo que no tiene ninguna importancia en realidad, y que ni tan siquiera Eastwood se encarga de ocultar al espectador (como tampoco lo hacía en su anterior pinícula) proporcionándole las suficientes pistas como para que la búsqueda del asesino no le entretenga del principal objetivo del director, que no es otro que mostrar las aristas ocultas de la sociedad que retrata. El suceso de su infancia marcará a los tres protagonistas principales y actúa en la pinícula no solo como desencadenante del drama posterior y del carácter que desarrollarán los personajes y sus respectivas familias sino, a mi entender, también como una metáfora global a la que responden los miedos de buena parte de la sociedad americana. Los "lobos" que producen las pesadillas de Robbins son también, de alguna manera, los mismos que agobian y determinan las acciones de Penn y Bacon ("Los tres nos subimos aquel día en ese coche") y, si al personaje de Robbins lo convierten en una víctima, a Penn lo transforman en uno de los lobos y a Bacon en el guardián de las víctimas, aunque todos estos roles son maleables e (y este es el gran acierto de Eastwood) intercambiables, pues se los van pasando de unos a otros a lo largo de toda la pinícula, enriqueciendo los matices de sus personajes hasta hacerlos creíbles por completo. Todos ellos sufren sus tragedias de forma distinta y actúan de diferente manera, pero sus conductas van modificándose a lo largo de la pinícula mientras Eastwood, en un prodigio de dirección, en lugar de construir sus personajes partiendo de la nada, los desmenuza desde un todo con gestos, con miradas, con diálogos medidos hasta la coma, con diferentes niveles de interpretación y con situaciones puntuales hasta resumirlos en una misma actitud de aceptación de lo que son y de las causas que los han hecho así. La pinícula se cierra como un círculo perfecto en el que no queda nada por desentrañar, ninguna puerta por cerrar, ningún cabo suelto, por más que escuché al salir del cine a una chica que se preguntaba si el final significaba una segunda parte. Es el problema de que te llenes los ojos con bazofia, que cuando te presentan un “río” tan claro y transparente como los que suele proponer Clint Eastwood, te vayas de la sala buscando aún tu acostumbrado lodo de mierda debajo del agua, con hambre de basura, con esa sensación de insatisfacción que produce a algunos el comerse un solomillo en lugar de un sándwich y a saciar su adicción de mugre pidiendo el ketchup al camarero.

Técnicamente es increíble como Eastwood aún es capaz de sacar ases de la manga. Maneja los encuadres de una manera impresionante y esta vez se permite el lujo de realizar algunos planos magníficos, o el recurso de elevar la "mirada" al cielo....o las acciones paralelas (en un final cojonudo, antes del epílogo, también precioso), donde Eastwood demuestra ser todo un maestro. Desde el guión de Helgeland o que la fotografía de Tom Stern está a la altura (ha mejorado mucho desde "Deuda de Sangre"), así como un cuidado diseño de producción, pues se conjugan dos épocas en la cinta, la música del propio Eastwood que resulta excepcional...pero eso sí, el montaje de Joel Cox es sencillamente IMPRESIONANTE. También, sorprenden agradablemente, algunas nuevas figuras de estilo en Clint como director, que le quedan francamente bien, y de notable impacto visual y dramático, como ese par de planos cenitales (muy gótico americano) donde los policías se echan sobre Penn, como una bandada de cuervos negros, que recuerda notablemente al plano cenital de "Entrevista con el vampiro" del teatro, donde la hueste de Banderas se abalanzaba con sus capas negras sobre la pobre chica desnuda. Igualmente, ese otro plano, muy Egoyan de "El dulce porvenir", donde la cámara de Clint se dirige hacia el cielo tras la tragedia, como implorando a Dios una imposible explicación a tan horrendo crimen.

Esta maquinaria perfecta de las pinículas de Eastwood la logra percibir siempre el espectador porque como muchos otros han hecho, aunque con el talento de sólo un puñado de elegidos, el equipo del director es una pequeña comunidad muy unida durante mucho tiempo, afinada también como una buena orquesta, y sabe lo que su jefe demanda en cada momento, dotando a cada nueva pinícula de un halo invisible pero perceptible de profesionalidad, de conjunción, de destreza adquirida con el tiempo, de cohesión amistosa y entrañable de la cámara hacia fuera, de talento unido con un mismo objetivo y que responde ante cualquier desafío con la confianza de quienes llevan mucho tiempo haciendo su trabajo con el mismo equipo, y esta camaradería trasciende milagrosamente la lente de la cámara y logra impregnar las pinículas de Eastwood hasta hacerlas coherentes consigo mismas y, sobre todo, honestas. Es una especie de invisible firma de autor de Eastwood y su equipo que no he logrado percibir en casi nadie más y con la que personalmente me siento muy a gusto, casi como en casa. Incluso cuando el conjunto no está tan afinado (o desafinado a secas, como en su anterior pinícula) el resultado siempre conserva ese regusto de honestidad, de intentar decir: "Bueno, esto ha quedado así, lo hemos hecho lo mejor que hemos podido" y creo que es algo de agradecer. En "Mystic River" parece que Eastwood ha reunido a todo su equipo y les ha dado una charla de entrenador del tipo: "Chicos, en la anterior pinícula la cagamos, y soy demasiado viejo como para ir dejando escapar oportunidades por el camino, así que hay que apretar los dientes, estar muy despiertos y confiar los unos en los otros para volver a hacer un pinícula cojonuda" Y vaya si la han hecho...

Con un impresionante dominio de la narrativa, Eastwood compone una pinícula perfectamente coral cuyas piezas terminan encajando, mostrando desde el primer momento las cartas sobre la mesa, sin pretender engañar, ni mucho menos confundir, a su público. El montaje paralelo (preciso, perfecto) de las distintas subtramas está trazado con tiralíneas; y su planificación, siempre clásica, pero muy lejos de ser academicista, alcanza cotas de expresividad en la puesta en escena a las que el cine americano hacía tiempo que no nos tenía acostumbrados. Eastwood recupera algo tan viejo como que las miradas marquen la composición milimétrica de cada plano y cada recurso de lenguaje tiene y aporta significados a lo que la historia nos cuenta. Historia que se articula en torno a la investigación de un crimen, aunque nunca buscando la sorpresa fácil de hacer que el asesino sea el mayordomo. Pero es que no es la intriga policial lo que más interesa a Eastwood, sino la disección de los sentimientos de sus personajes después de n crimen tan horrendo. Estamos ante un Eastwood que domina, sin necesidad de inspirarse ya en nadie, el pulso de la narración cinematográfica, capaz de armonizar un montaje paralelo que extiende el clímax del guión hasta el punto de hacerse insoportable, incómodo y que nos brinda un final impresionante y desolador que cualquier otro director hubiera cortado diez minutos antes y que en manos de Eastwood resulta moralizante en el mejor, ya perdido, sentido de la palabra. Pero Eastwood decide alargar su resolución para así no perder la perfecta consonancia entre la forma y el contenido.

Su cine nos puede gustar más o menos (como buen pianista de jazz, tiene cierta tendencia a la morosidad narrativa, que en su caso, como en el del viejo bluesman, es una virtud, "menos notas emocionan más"), igualmente, la forma, la narrativa, la dramaturgia de su cine nos pueden impactar más o menos, pero creo que no cabe duda que Clint ha entregado la que es probablemente su obra más ambiciosa, rica en significados, madura y compleja, siguiendo fiel a su estilo narrativo, a su voz autoral y a su universo temático. Como fiel representante de una generación (la de los 70) que dio en llamarse "neo clásica" o "post clásica" (excepto Altman que es moderno y De Palma que es postmoderno, al igual que Allen a veces), "Mystic River" puede considerase sin duda alguna, una de las obras maestras (aunque sea tardía) de ese "neoclasicismo" o "postclasicismo" que entregó gran parte de las primeras obras maestras que en tiempo presente, pudimos ver (y que jamás olvidaremos) de hace 30 años.

"Mystic River" también plantea otras cuestiones e interrogantes sobre la industria cinematográfica estadounidense. Para poder rodarla (y eso que está filmada con su productora Malpaso), Clint tuvo que llegar a un acuerdo con su distribuidora habitual, la Warner, para que le permitiera embarcarse en este proyecto. Clint renunció a su salario habitual, y se comprometió a rodar la pinícula gratis, únicamente recibiendo una porción de los beneficios que la pinícula generase, si los generaba, a cambio reclamaba libertad total sobre el reparto, componer él en solitario la música, y no enseñar el material rodado a nadie del estudio, y por supuesto tener absoluto derecho sobre el montaje final, montaje magnífico, de su montador habitual Joel Cox. El resultado es la pinícula que hemos visto, que es una pinícula de un cineasta, donde los ejecutivos de la industria se han quedado totalmente al margen. Si la pinícula triunfa habría que empezar a pensar quiénes son los verdaderos responsables del estado de cosas actual que tenemos y quiénes son las víctimas, que para poder hacer lo que sienten y algo digno, deben rodar GRATIS, o arriesgándose únicamente a cobrar si generan beneficios, mientras que los ejecutivos de las Majors cobran de entrada, y jamás a posteriori, si las mierdas que producen generan o no beneficios. Pero aunque "Mystic River" triunfe (y no va por mal camino, con una pequeña promoción, está en el puesto 5 en la taquilla americana, cosa que no sé yo, y eso que nos consideramos mucho más listos y cultos que los yanquis, si en nuestro país va a conseguir) estoy seguro que nadie lo considerará una prueba de nada y los ejecutivos de Hollywood seguirán ejerciendo su insoportable y tiránica (para el cine, los directores, y los espectadores) dictadura, vetando proyectos interesantes, y promoviendo pinículas que sólo recaudan en el primer fin de semana, y eso gracias a invertir en publicidad un brutal dineral, que muchas veces son incapaces de amortizar.

En fins..sólo acabar agradeciendo al lector que haya llegado hasta aquí y animándolo a disfrutar ahora de esta OBRA MAESTRA, de un director que se puede permitir el lujo a sus 73 años de regalarnos estas cosas, y que, "Mystic River" me ha hecho volver a sentir un placer inmenso no sólo durante los 137 minutos de proyección, sino hasta ahora, muchas horas después..y lo seguirá haciendo.

Puntuación:
Mystic River --> 10 / 10 (y aunque tenga fallos, como dije ante otra obra maestra: "...yo cuando veo la Bóveda de la Capilla Sixtina no me fijo (ni le doy la menor importancia) a si la uña del dedo meñique del pie de Dios no está bien pintada...")

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