domingo, febrero 04, 2007

Corsarios de Levante

De nuevo escribo en el blog para hablar de un libro. El último que he terminado: Corsarios de Levante, la última entrega de las aventuras del Capitán Alatriste tras la ¿buena? película del año pasado.

Lo primero que deberé hacer es contar mi relación con este personaje y escritor. Ya lo dije más o menos en mi entrada sobre "La Carta Esférica", que es un tipo que me cae muy mal, pero que reconozco que en el terreno de los "best-selleros" se mueve como pez en el agua, y que en el tema de la historia de españa nada con elegancia.

Las aventuras del Capitán Alatriste siempre me han atraído, más por la parte histórica que otra cosa, están bien relatadas y entretienen. No son grandes libros, pero sobre todo eos, entretienen.

En este caso, "Corsarios de Levante" es la última entrega. Toda la novela trascurre en el mar, en galeras y nos cuenta la historia del Capitán y de Íñigo, más maduro y más hombre que nunca. Para mi gusto es una historia mucho más diferente que las anteriores y quizá, más floja. Hay menos líos con otros personajes (Angélicia, Gualterio, etc..) y se centra más en la aventura marítima y en Íñigo que en otra cosa. Entiendo que es una novela de transición a las dos últimas que quedan.

Os copio lo que dije el propio autor en su Web: "Durante casi dos años serví con el capitán Alatriste en las galeras de Nápoles. Por eso hablaré ahora de escaramuzas, corsarios, abordajes, matanzas y saqueos. Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado también en los mares de Levante. Contaré que el diablo no tiene color, ni nación, ni bandera; y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada. En eso, como en casi todo, mejor nos habría ido haciendo lo que otros, más atentos a la prosperidad que a la reputación, abriéndonos al mundo que habíamos descubierto y ensanchado, en vez de enrocarnos en las sotanas de los confesores reales, los privilegios de sangre, la poca afición al trabajo, la cruz y la espada, mientras se nos pudrían la inteligencia, la patria y el alma. Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para pasmo de la Historia, supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ése es magro consuelo, y tienen razón. Pero nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías ni teologías. Pardiez. Éramos soldados."
En fin, sólo recomendado para los que os han gustado, o habéis leído los anteriores.

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