viernes, mayo 25, 2007

Identidad

(16/09/03)

A estas alturas de esos post sobre Cine no sorprendo a nadie si hablo de mi debilidad por el whodunit y las novelas de misterio. No sólo me se de memoria las obras de Agatha Christie (desde "Matar es Fácil" a "Muerte en el Nilo" e incluso las románticas ;) ;)), Sir A. Connan Doyle y demás, sino que es un género que me apasiona. Por eso cuando uno desde hace tiempo se entera que la obra "Diez Negritos" (libro maestro del género, precisamente porque se sale de la tónica de Agatha; no hay un detective; que aún me asusta, intriga y maravilla cada vez que lo cojo de la estantería) va a ser versioneada en Cine, tras el susto, uno lo espera con emoción...y la verdad es que, por una vez, no se me ha defraudado.

Normalmente todas mis opiniones carecen de spoilers salvo que esté claramente indicado, por lo que suelo ahorrarme la coletilla de "sin spoilers" en el asunto. Pero en el caso de "Identity" conviene ser precavido ya que es una película ideal para que el Rodrigo Rato de turno la destripe en el Congreso de los Diputados :-DDDD De ahí que recomiende, como hacía Hitchcock con "Psicosis", que el personal tenga cuidado mientras se decide a verla con los cabroncetes que circulan por ahí destripando finales, porque la cinta de Mangold tiene no una, sino tres sorpresas de interés.

Mi conocida debilidad por el whodunit de la que hablo hacía que le tuviera ganas a esta película desde hace tiempo, únicamente por lo entrevisto en su sinopsis argumental: En una infernal noche de tormenta, un grupo de personas de diferente procedencia coinciden por azar en un destartalado motel de Nevada, en el que se refugian del furor de los elementos. Las carreteras están cortadas, no hay línea telefónica, y su aislamiento del resto del mundo es total. Sin embargo, la preocupación que les causa este hecho se convierte en irrelevante cuando poco a poco van tomando conciencia de que uno de ellos es un asesino que parece dispuesto a acabar con todos los demás, uno a uno, y que su identidad es mucho más difusa de lo que parece.

James Mangold configura una cinta sorprendente con todo esto. No sólo porque siendo todo lo fiel que se puede al original literario (imposible de repetir o imitar, pero no de seguir) sin ocultarlo y sin ser mentiroso (lo deja bien claro desde el principio y por si fuera poco, uno de los personajes de la cinta alude al libro como he dicho) nos va desgranando una historia bien montada. Con más de un par de giros argumentales bien llevados y muy muy buenos (el de la identidad del asesino será el más facilón, pero el resto son increíbles y a uno le pillaron por sorpresa) conforma una historia intrigante, trepidante y dura por momentos, no exenta de momentos oníricos cachondos, como esa declaración del dueño del motel (el dueño de la tienda del inicio de "Abierto Hasta el Amanecer") explicando porqué estaba allí.

¿A qué les recuerda este argumento? No hace falta que lo digan: El propio guionista del film, Michael Cooney, lo confiesa abiertamente haciendo que uno de sus personajes caiga en la cuenta de que "esta situación que vivimos se asemeja a aquella pinícula, ¿recordáis?, aquella en la que un grupo de desconocidos coincidían en una isla y eran asesinados uno a uno, porque descubrían que en realidad había algo que tenían en común...". Una declaración aparentemente casual, que parece tan sólo una tosca defensa por adelantado de Cooney ante posibles acusaciones de plagio de la magistral "Diez Negritos" ("Mea Culpa, soy un imitador sin originalidad, aunque soy el primero en reconocerlo"), pero que en realidad no es sino uno más de los múltiples y pegajosos hilos de araña que el astuto escritor va desplegando ante el espectador listillo ("bah, esta historia ya me la sé yo de memoria") para que, llevado por su propia autosuficiencia, se enrede solito en ellos hasta quedar en sus garras. Un hilo este que además permitirá a otro de los personajes llegar al ovillo de la cuestión, esto es, saber qué es lo que todos esos desconocidos tienen en común, lo cual le dará una oportunidad de ver la luz (y saber por qué están siendo asesinados) tanto a él como al espectador.

Este ejemplo manifiesta claramente cual es la línea de actuación de Cooney como guionista, y las pautas sobre las que, una y otra vez a lo largo del desarrollo del film, construye su inteligente castillo de naipes:
1/ Presenta una verdad que parece fácilmente interpretable en su engañosa simplicidad, pero que
2/ en realidad posee un significado oculto, que además
3/ no es caprichoso, no es un mero golpe de efecto que tiene como único objeto epatar al respetable, sino que constituye una consecuencia lógica e inevitable de lo que hemos visto (no de lo que hemos creído ver, que es diferente). Cooney se revela así como un perfecto conocedor de los mecanismos del whodunit de ley, del ejemplificado por Christie, a la que muchos acusan frecuentemente de "hacer trampa" pero que en realidad sólo ha manipulado (PERO NO MENTIDO) al lector con pérfida astucia para que de por sentado, él solito y sin que nadie se lo diga, que el vaso de agua con hielo que tiene ante las narices contiene ginebra.

En ese sentido, si alguien se quejara acerca de "Identidad", como que hay trucos y trampas en relación al argumento de la cinta "en pos de la sorpresa a cualquier precio" no es más que el típico bufido del torpe que no tiene arrobo en extraer 47 significados ocultos de una película de autor porque se niega a reconocer que lo que a priori consideraba unidimensional y simplista tenga en realidad más vueltas de las que creía; o lo que es lo mismo, que se ha pasado de listo ("vaya, otra típica pinícula a lo Agatha Christie ; qué previsible...) y debido a eso, y no a malvados embustes, se han quedado con él sin trampa ni cartón. No en vano Ellery Queen, otro de los reyes del whodunit, decía irónicamente que el grito de "¡TRAMPA!" no es sino el consuelo de quienes leen, pero no piensan.

Porque Cooney juega limpio; desde el mismo inicio del film, en los títulos de crédito en los que, por ejemplo, aparece garabateada una cadena de monigotes sobre un papel, dos de los cuales (sólo DOS) tienen un interrogante sobre su cabeza (pero en los que nadie se fija, ocupados como estamos en abrir la bolsa de chucherías o situar la coca cola en su soporte), hasta la fallida huída de Jake Busey campo a través (a la que nadie da importancia) y sin embargo hace referencia a la circularidad del problema que aquí tenemos .

Una y otra vez, el guionista da pistas que permiten adivinar la solución ; esto no es un gigantesco timo (que haberlos haylos, y muchos) como "Pánico en la Escena" o "Pensamientos Mortales" (en donde se miente conscientemente y con alevosía al espectador), sino una muestra de la legítima habilidad presente, por ejemplo (aunque sea una película de terror de signo completamente diferente a la policíaca "Identidad") en "El Sexto Sentido" de Shyamalan.

Tenemos la verdad ante nuestros ojos, pero no prestamos la atención necesaria para descubrirla, convencidos como estamos de que lo que desfila ante la pantalla es rutinario y arquetípico, embotados por unos esquemas argumentales que nos huelen a "deja vu" y bajan nuestras defensas; acostumbrados durante demasiado tiempo a thrillers tópicos y sobados, previsibles desde los primeros minutos, fotocopiados unos de otros a imagen y semejanza de un master clásico olvidado en la memoria, hasta el punto de que cuando alguien nos ofrece un relato inteligente y elaborado que nos pilla desprevenidos chillamos ofendidos ("¡CABRON, ME HAS ENGAÑADO!") tal y como probablemente muchos espectadores gritarían en su día al final de "Psicosis" o la propia "Diez Negritos", incapaces ya de reconocer, entre la ingente cantidad de morralla firmada por trileros baratos y marrulleros que manejan los tres vasitos y el guisante, la elegancia del whodunit que se libera en segundos de las más fuertes ataduras (las de la rutina y la falta de imaginación que tienen maniatados a tantos compañeros escritores).

Como digo, el guión bien construido (salvo los últimos momentos de la historia en el motel, que quizá sean atropellados) Michael Cooney va poco a poco confundiendo al espectador, no con trucos baratos, sino a base de jugar con lo que sabemos y no sabemos y con lo que se nos muestra y no se nos muestra. El guión no se enfrasca en explicar los detalles sin importancia, no hace falta explicar todo lo que no vemos, sólo lo que necesitamos para poder imaginar que es lo que cada uno oculta, pues el espectador debe adivinar que es lo que hacen esas personas ahí y porqué van muriendo..hasta estar tan confundidos como el propio protagonista. Asimismo, Cooney nos va dejando pistas (ya desde los créditos del guión) que, en lugar de ser las típicas migajas de mal guionista, constituyen pequeños detalles en los que fijarse, así una camisa, una monigote, un cumpleaños, unos garabatos en un cuaderno, etc..toman sentido al final.

Hasta tal punto Cooney practica el "fair play" que incluso se atreve, cuando falta aún el último tercio de metraje por desarrollarse, a poner sus cartas boca arriba, con dos cojones. Desde luego si su único fin hubiera sido "dar la campanada" (tal y como sugiere algún crítico) hubiera guardado la mayor de sus sorpresas para la última secuencia, como el McQuarrie de "Sospechosos"; pero el verdadero eje de su historia es el eterno conflicto entre el bien y el mal que caracteriza a la naturaleza humana, la conocida lucha contra el demonio que todos llevamos dentro, y para poder llevarla hasta sus últimas consecuencias, Cooney tiene que desvelar su objetivo al público. Su estrategia es por tanto absolutamente lógica (que no meramente efectista), la situación es la misma: El asesino sigue amenazando a los supervivientes y su identidad sigue siendo un misterio. Nada ha cambiado en la pantalla, son nuestros ojos los que por fin se han abierto de una vez y adquieren conciencia de la naturaleza de la fría y calculada serie de muertes que va desplegándose ante nuestra vista, y que debe inexorablemente llegar a una resolución lógica en concordancia con lo que hemos contemplado (pero no con lo que creíamos haber visto hasta entonces, que es muy diferente).

No quiero que nadie se confunda con mi aparente entusiasmo: "Identidad" no es ninguna obra maestra (aunque le otorgo un merecido 8,5); tan sólo es un film modesto (en presupuesto y pretensiones) que ofrece una historia ingeniosa, competentemente dirigida y diligentemente interpretada, que en un mundo cinéfilo perfecto quizá casi pasaría desapercibida, pero que en el triste panorama del thriller actual es poco menos que un pequeño milagro, aún más sorprendente proviniendo de un guionista cuyo logro más conocido era la probable bobadita de "Jack Frost" (nada menos) y de un director del que, pese a "CopLand" o a la simpatía despertada por la tierna "Heavy" (seamos clementes y no hablemos de "Inocencia Interrumpida" o la basura de "Kate & Leopold") no esperaba en este, su quinto largo, una habilidad a la altura de las posibilidades que el guión le ofrece.

Pero la tiene: En manos de Mangold, el deambular de sus personajes por el Motel que les sirve de ratonera se convierte en una permanente invitación a la inquietud, que no recarga el "ruido" visual y sonoro propio de estas historias casi granguiñolescas (véase el milimétrico empleo de la música, amelódica y en absoluto omnipresente, postergada a menudo en favor del sonido de la lluvia o el leve chirrido de una puerta metálica agitada por el viento, con la que Alan Silvestri renuncia a su lucimiento personal para componer un soundtrack que no venderá un sólo disco pero se ajusta como un guante a las necesidades del director y por tanto es una BSO buenísima) para convertir una simple lavadora o la puerta cerrada de un cuarto de baño en fuentes de tensión. Lo cierto es que el hombre revela una competencia más que satisfactoria sobre todo en el tratamiento visual del espacio en el que se mueven sus personajes, preferentemente contemplados en primer plano o plano medio, que convierte el Motel y sus secciones no en la prisión asfixiante y claustrofóbica que marcaba el canon usual, sino en una suerte de laberinto húmedo, mortecinamente iluminado y silencioso de extensión aparentemente ilimitada pero sin salida alguna para sus visitantes.

Mangold lo remata con las acciones paralelas muy bien confeccionadas, hasta el punto de confundirlas en la mente del espectador y con un inicio APABULLANTE. Esos 20 primeros minutos, con los flashbacks encadenados HACIA ATRÁS (si se me permite el término flashback hacia atrás claro ;) ;)) donde se nos presentan a los personajes y sus circunstancias, empezando a intentar imaginar que hacen 10 desconocidos juntos y encerrados en un motel. Sin efectos especiales, con muy poco dinero y la estupenda música de Alan Silvestri el inicio es sencillamente espectacular. No deja su buen hacer durante el resto del metraje (como decía quizá al final no sabe bien como acabar y se precipita, pero oiga no todo es perfecto, que sino sería una obra maestra) y lo deja patente en escenas como cuando hay un barrido por todas las habitaciones a la hora de dormir y vemos a cada ocupante en sus tripulaciones.

Las actuaciones son más que dignas, buenas diría yo debido a una elección del reparto hábil y cuidada pese a la ausencia de nombres rutilantes (o más bien gracias a ello). Aunque se trata de una obra claramente coral, John Cusack, gafe número 1 del cine americano (con lo bueno que es y el tiempo que lleva demostrándolo, y no hay forma de que salte al estrellato), no tiene problemas en liderar el cotarro secundado por la escultural Amanda Peet, que no se luce como en "Falsas Apariencias" (habrá que ver la segunda parte por si repite su topless) pero resulta favorecida hasta bajo la lluvia . Mangold les refuerza con antiguos colaboradores de su filmografía (Liotta, DuVall, Pruitt Taylor Vince) y con el todo terreno Alfred Molina, aunque quizá el robaplanos de la cinta sea John Hawkes, el inefable encargado del motel (que tiene a su cargo el momento más divertido del film cuando explica como accedió al puesto). Ninguno va a ser nominado a los Oscars (eso está claro :-DD), pero no se puede decir que no cumplan todos su labor con impecable solvencia, incluida la Rebecca De Mornay casi irreconocible (salvo por su formidable escote, que tantos buenos recuerdos trae a sus fans) en su papel de caprichosa actriz en decadencia, en un papel un tanto ¿autoparódico? o al menos, un tanto desconcertante..;) ;) ;)

En fins, una cinta para nada habitual, con muy poco dinero pero con una gran historia y un buen hacer por parte de Mangold y el resto del equipo. Que al menos mantiene muy bien el ritmo y la tensión, así como la intriga durante todo el metraje y que merece muy mucho la pena ver. Los diversos elementos de "Identidad" se conjugan para dar lugar a un sabroso thriller de serie B que, tal y como ocurre con algunos de sus compañeros de los años 50, supera en ingenio y buen hacer a no pocos de serie A, demostrando de paso que dentro de una major puede hacerse cine policiaco entretenido y sin pretensiones más allá de la cansina "buddy movie" de turno o el festival de persecuciones, destrucción urbana y estrépito servido por la milésima aventura de Chuloman-contra-la-Banda-de-Malvados; unos clichés que se han quedado, por desgaste, mucho más viejos que el más rancio whodunit.

La pregunta es: ¿Por qué no se hacen más películas como esta, baratas, comerciales ("Identidad" ha recuperado con creces su inversión) y perfectamente disfrutables por todo tipo de públicos?. Hay quien sostiene que el problema es la falta de talento; pero después de ver como el firmante de una historia tan presumiblemente blanda como "Jack Frost" o el director de un despropósito como "Kate & Leopold" se descuelgan (cuando les dejan) con un producto tan sólido y profesional como este, me reafirmo una vez más en que el problema es la falta de riesgo. Falta de riesgo primordialmente de los ejecutivos que tiemblan ante la sola posibilidad de emplear una fórmula que no haya triunfado en taquilla 160 veces en los últimos cinco años, pero también por parte de los espectadores que no sólo anhelan mayoritariamente “Más de lo Mismo”, sino que además pasan por alto muestras de cine de entretenimiento como esta que están ante sus narices (como la solución al enigma de "Identidad") pero son despreciadas por la carencia de publicidad masiva o estrellas de relumbrón. En fin, ellos se lo pierden y si vosotros no vais a ver “Identidad”..¡¡¡también ¡!!

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