jueves, mayo 10, 2007

Un cuarto de siglo sin Villeneuve

La fuente es el periódico El País....
Hace 25 años de la muerte del que para mí ha sido el segundo mejor piloto de F1.....

8 de mayo de 1982. Gran Premio de Bélgica. Última sesión de entrenamientos oficiales antes de la celebración del Gran Premio. Sobre la pista de Zolder rodaban leyendas de la Fórmula Uno de la talla de Alain Prost, Keke Rosberg, Niki Lauda o Nelson Piquet. Gilles Villeneuve, también. Pero si bien todo prometía ser un nuevo duelo de titanes entre Renault, Williams, McLaren, Ferrari y Alfa Romeo, la sexta cita del Mundial se tiñó de tragedia. Una maniobra fatal entre Joachen Mass y Villeneuve ponía punto y final a la vida del canadiense. La bandera a cuadros ondeaba antes de que se apagaran los semáforos.

Esta semana se ha celebrado el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Gilles Villeneuve, un piloto que, sin haber conseguido un título mundial, posee por méritos propios un hueco en los anales del automovilismo. Coraje, decisión, arrojo y valentía inusitados son sólo algunos de los adjetivos que podrían describir al canadiense de aspecto tímido que, para muestra de su bravura al volante, consiguió terminar tercero en Mosport Park (el trazado que tras su muerte llevaría su nombre) pese a la lluvia, con un alerón que le impedía la visión y un final de carrera de equilibrista, sin aerodinámica delantera.

Algo veía ya il commendatore Enzo Ferrari en Villeneuve cuando, con todos sus rivales tildándole de kamikaze y "destroza motores", renovaba inapelablemente su contrato año tras año para la escudería roja. Después del horror en Bélgica, Gilles Villeneuve sería dejaría de ser humano para ser mito. Su muerte, el comienzo de su inmortalidad. El impacto se produjo a 270 Km/h. El bólido rojo de Villeneuve volaba sobre el asfalto como una exhalación con la intención de batir su propia marca, hasta que se encontró con el March del alemán Mass en la curva Terlamenbocht. Al verle éste, cuyo ritmo era mucho más lento, decidió apartarse, con tan mala fortuna que en el mismo segundo ambos pilotos escogieron el mismo camino.

Entonces los sistemas de seguridad no eran lo que son ahora. La rueda izquierda del Ferrari besó la derecha del germano a toda velocidad, y Villeneuve salió catapultado. No era más que el principio. Con el primer contacto con el suelo, el coche comenzó a resquebrajarse, los reglajes de seguridad cedieron y el joven piloto salió despedido hacia las vallas protectoras. Ni el casco soportó la caída. Los intentos de reanimar al diamante de Ferrari fueron en vano, y una vez en la clínica, en el parte se leía "clínicamente muerto". Aún fue mantenido con vida ocho horas más, hasta que una posible intervención quirúrgica fue desechada. Moría el piloto; nacía la leyenda.

La carrera no se suspendió, y sólo nueve pilotos consiguieron cruzar la línea de meta; la victoria fue para John Watson, de McLaren-Ford, seguido de Keke Rosberg y Eddie Cheever, pero el recuerdo de Gilles Villeneuve estaba aún presente. Niki Lauda culpó a Joachen Mass de la muerte del de Chambly, criticando el hecho de que compitiera al día siguiente. El cuerpo del protagonista de semana fue trasladado a su ciudad natal. Dejaba atrás 68 carreras, seis victorias, algún récord, una esposa y dos hijos: Melanie y Jaques Villeneuve, quien recogió el testigo de su padre al volante, coronándose incluso en 1997 con Williams-Renault.

Desde hace veinticinco años, pocos pilotos se han visto con tanto ímpetu encima de un monoplaza. Cierto es que el mundo de la Fórmula Uno ha cambiado radicalmente en cuestiones de tecnología y pilotaje, pero los más nostálgicos del automovilismo siguen añorando la garra y el empuje de Villeneuve.

1 comentario:

Peitx dijo...

muy bueno...

que te parecio lo de sutil??? vaya putada