domingo, julio 08, 2007

Jane Marple

Resulta difícil apreciar los méritos de la adaptación al cine de un personaje como Jane Marple sin conocer previamente las pautas básicas que la definieron en su medio habitual, el literario. Entre otras cosas, porque al verla hoy convertida en parte indiscutible del olimpo de la novela policíaca, y rivalizando en popularidad con los más grandes mitos del género, es posible que la mayoría de los aficionados al mismo no tengan conciencia de hasta qué punto la creación de Miss Marple fue una apuesta arriesgada y rompedora en su momento por parte de Agatha Christie.

En aquellos días (finales de la década de los 20) los personajes femeninos ya se habían abierto camino en el ámbito policiaco, y la propia Christie había contribuido a ello introduciendo desde sus primeras novelas a heroínas como Ann Beddingfeld, "Tuppence" Beresford o "Bundle" Brent, certificando que pese a su formación victoriana tenía una mentalidad bastante progresista con respecto a la capacidad de las mujeres para valerse por sí mismas y superar, si se daba la ocasión, a los héroes masculinos, nada extraña en una escritora que con apenas 30 años ya había dado la vuelta al mundo (y en una época en la que ese periplo no era precisamente un cómodo tour organizado por una agencia). No obstante, la práctica totalidad de esos personajes femeninos, por otra parte nada inhabituales en el medio, eran jóvenes y activos, llenos de energía aventurera.

Jane Marple, por contra, se diría una creación lastrada a priori por su carácter de frágil anciana carente de mundo y enterrada en un aburrido entorno rural (el pueblecito de St. Mary Mead) que constituye su pequeño universo; el típico personaje que podría tener cierto encanto como secundario de más o menos peso pero al que ningún autor en su sano juicio elevaría a la categoría de protagonista por su nulo atractivo y ausencia de posibilidades dramáticas. Sin embargo Christie no sólo asume ese reto, sino que sale triunfante del mismo; y lo hace gracias a que Miss Marple supone la quintaesencia de dos principios básicos en el pensamiento de su creadora, que sus lectores han aprendido a apreciar:

  1. Las Apariencias Engañan.
  2. La naturaleza humana es tristemente similar y predecible en cualquier época y lugar.

Ya con Poirot, Christie ya había roto moldes diseñando voluntariamente a un personaje lo más ridículo posible (un enano fatuo y calvo con bigote daliniano y engolado acento francés), incisivamente bautizado con un nombre grandilocuente (Hércules) que chocara aún más con su insignificante aspecto, todo ello con objeto de suscitar, por contraste, una mayor admiración hacia su inteligencia superior en el lector una vez que esta se pusiera de manifiesto. Se trata de un recurso ya visto anteriormente en el género que sería muy utilizado en lo sucesivo en el ámbito del whodunit policiaco, no sólo literario sino también cinematográfico o televisivo (piénsese en el célebre Teniente Colombo, por ejemplo, y en su pinta cómicamente desarrapada que hacía sonreír y confiarse a los asesinos...Para su desgracia :D), pero que pocas veces ha alcanzado un grado de excelencia y elegancia como el logrado por Christie en el personaje de Miss Marple.

En ella, lo excesivo, lo grotesco o lo excéntrico se deja a un lado para mostrar la más engañosa apariencia de insignificante vulgaridad. Poirot es carismático a su manera, y no deja de ser un detective profesional, pero la anciana solterona está conscientemente revestida de una apariencia gris, tan venerable como anodina. Eso hace que el esfuerzo necesario para convertirla en una investigadora digna de admiración sea considerablemente mayor, pero Christie lo consigue con pasmosa facilidad a lo largo de las 12 novelas y 20 cuentos que constituyen la totalidad de sus aventuras (mucho menos numerosas que las de Poirot, a las que Christie dedicó algo más del 50 % de su producción policíaca global).

No obstante, su primera aparición, en el relato "El Club de los Martes" (1928), ya deja clara la oculta singularidad del personaje. En él, cinco personas que se consideran, por sus respectivas actividades, especialmente capacitadas para el análisis de la naturaleza humana (un escritor, una pintora, un sacerdote, un policía y un abogado) constituyen una tertulia dedicada a examinar casos criminales de la vida real con objeto de competir a la hora de resolverlos. Las reuniones del grupo de celebran en la plácida vivienda de la tía soltera del escritor, la cual sorprende a todos manifestando su deseo de participar en la discusión, deseo que se le concede por pura cortesía aunque los cinco miembros del club estén convencidos de la nula aportación que una vieja pueblerina puede realizar a la misma. El resultado final es previsible: La vieja pueblerina le da una lección de humildad a sus ilustres compañeros demostrando su mayor capacidad para la deducción detectivesca para pasmo generalizado.

En el futuro, serán muchos criminales los que cometan el mismo error, fiándose de las apariencias y menospreciando las indagaciones de quien parece ser tan sólo una anciana chismosa e inofensiva, al tiempo que los lectores disfrutan comprobando como, en el duelo invisible entre asesino y detective, el contendiente aparentemente más débil es finalmente quien sale ganando, como pequeño consuelo frente a la injusticia reiterada que preside el mundo real (en donde el fuerte aplasta al débil con total impunidad). Una victoria reforzada por el carácter netamente moral (que no moralizante) que tienen a menudo las investigaciones de Jane Marple, que lejos de estar impulsadas por la curiosidad morbosa en los asuntos ajenos, aunque superficialmente lo parezca, suelen tener como objetivo el justo castigo de quienes se consideran por encima del bien y del mal.

Hay variados ejemplos de ello: En "El Caso de los Anónimos", Miss Marple se siente obligada a aclarar un crimen que emplea como estrategia el más despreciable y cobarde de los ataques: La calumnia lanzada desde el anonimato , mientras que en "Un Puñado de Centeno" es la ira suscitada por el cruel asesinato de una ingenua sirvienta a la que la anciana conocía, la que le impulsa a salir de su cómodo retiro y emprender una investigación contra reloj para alcanzar a un astuto estrangulador cuando estaba ya a punto de salirse con la suya.

Pero es quizá en "Némesis" donde quede de manifiesto más claramente el carácter justiciero de Jane Marple; en esa novela, el fallecido millonario Jason Rafiel (al que conoció en un libro anterior, "Muerte en el Caribe") utiliza su testamento para encargarla a la anciana una misión desde la tumba: Averiguar si su hijo, al que repudió tras ser condenado por asesinato, era en realidad inocente de sus cargos. El adinerado magnate, que podría haber elegido a los más prestigiosos detectives para realizar ese último deseo, escoge a una vieja y frágil solterona para llevar a cabo la investigación, sabedor de que llegará hasta el final inexorablemente, sea cual sea el resultado. Ella será su Némesis particular, su encarnación personal de la Diosa Virgen de la Venganza griega (obsérvese la ironía de Christie al investir como tal a una solterona de educación victoriana que, muy probablemente, no haya conocido varón).

En consecuencia, la engañosa apariencia de una ancianita frágil e inofensiva oculta una voluntad de hierro, una inteligencia superior y un sentido moral de la justicia que le dotan de un insospechado interés. Además de ello, permiten a la autora desarrollar como nunca su convicción sobre el carácter inalterable de la naturaleza humana, desde un punto de vista más bien pesimista. Si Jane Marple resulta una detective soberbia para propios y extraños pese a su falta de mundo, es porque no hace falta esa experiencia mundana para desarrollar la capacidad de observación y de análisis de la gente y su carácter. En su minúsculo pueblucho, Miss Marple ha asistido a todo tipo de mezquindades, rencores, ambiciones, odios y pasiones, y esos sentimientos son los mismos en todos los lugares del planeta. En relación a ello, conviene recordar que Jane Marple es un personaje parcialmente basado en la propia abuela de la escritora, una mujer aparentemente anticuada y aislada del mundo que maravillaba a la pequeña Agatha por su facilidad para "calar" a todo tipo de gente; su personaje de ficción posee el mismo don y el mismo convencimiento de que la naturaleza humana es (tristemente) previsible, y esa capacidad es un arma de investigación mucho más útil que cualquier lupa sherlockiana o laboratorio criminológico.

Desgraciadamente, también resulta menos lucida en su plasmación cinematográfica, lo cual nos devuelve al problema inicial. Con esta breve semblanza de las características del personaje de Miss Marple, los inconvenientes de su traslado al cine se hacen patentes en toda su intensidad: Las únicas dos opciones posibles para llevar a cabo la tarea eran respetar servilmente la visión de Christie (que conducía casi de forma inexorable a la más sosa monotonía y el consiguiente aburrimiento del público) o atreverse a cambiarla significativamente (lo cual auguraba no pocas dificultades de remodelación para preservar el espíritu del personaje).

La segunda era, obviamente, la más difícil, pero también la más aconsejable; la opción que adoptaría un cineasta de prestigio que hubiera asumido seriamente dicho trabajo con espíritu creativo...O un director lo bastante desconocido y humilde como para no tener nada que perder al asumir ese reto con valentía y sin complejos.

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