domingo, julio 08, 2007

La Señora McGinty ha Muerto

Tras el habitual rugido de león, y el conocido logo de la Metro, arrancamos la cinta con el leve contrapicado de un letrero de madera en el que aparecen dibujadas tres horcas y un nombre: "The Hangman´s Rest"; probablemente perteneciente a una posada o un pub. Es de noche, y la ausencia de música nos permite escuchar claramente el siniestro chirrido del cartel que oscila empujado por el viento; el único sonido apreciable hasta que, en el siguiente plano, contemplamos los pies de un hombre que caminan lentamente por un sendero de crujiente arenilla. La apertura del plano nos revela que pertenecen a un típico "bobby" inglés, que camina por una calle solitaria de forma extrañamente furtiva, mirando hacia atrás con cierta inquietud y acercándose a una ventana cerrada, sobre la que golpea suavemente con sus nudillos.

En apenas unos segundos y con gran economía de medios, el espectador se ha visto inmerso en un clima de intriga propio de un thriller. ¿A qué obedece el extraño comportamiento del policía? ¿Por qué adopta ese aire misterioso? ¿Nos está preparando el director con este clima inquietante para verle convertirse en la posible víctima de un ataque inesperado? ¿Y esa llamada enigmática en la ventana, en base a lo que parece una clave secreta establecida de antemano? ¿Vamos a contemplar quizá la recepción de un execrable soborno o alguna otra actividad delictiva por parte del representante de la ley?

El interrogante se aclara tras unos breves segundos de espera: La ventana se abre silenciosamente, y, tras un leve instante, una mano sin rostro surge de ella sosteniendo...Una jarra de cerveza que el policía, pese a estar de servicio, recoge con deleite. ¡Falsa alarma! El espectador sonríe y toma conciencia de que su primera impresión era equivocada: Esto va en plan de coña, no hay por qué preocuparse. Pero justo en ese momento, cuando acaba de bajar la guardia, un vertiginoso barrido hacia la izquierda desplaza su atención hasta la fachada de una casa, mostrada en plano general, en la que una ventana iluminada muestra, recortada cual sombra chinesca, la silueta de una mujer que está siendo estrangulada. El regreso a la figura del policía y el toque humorístico que conlleva la devolución de la jarra, ya vacía (cuando el "bobby" se dispone a marcharse la mano sin rostro le agarra del brazo y muestra su palma extendida en clara exigencia de pago, que el agente cumple con evidente desgana) sólo sirven para remarcar el carácter a la vez cómico y siniestro de la situación: Mientras ese zoquete bebe a escondidas estando de servicio, una mujer está siendo cruelmente asesinada.

El paso posterior del policía por delante de la ventana iluminada, en la que ahora se recorta la ominosa sombra de la víctima ahorcada, establece un lazo con las sogas del cartel contemplado en el inicio de la secuencia y le desvelan sin duda posible al espectador la naturaleza de lo que va a ver: Una mezcla de thriller policíaco y comedia en donde las apariencias engañan y las sorpresas, jocosas o desagradables, están a la vuelta de la esquina. En apenas dos minutos de metraje, y sin necesidad de una sola línea de diálogo, George Pollock y su equipo no sólo han definido su estrategia de forma tan efectiva como pasmosamente simple, sino que además han dado muestras de su facilidad para cambiar de registro (del humor al drama y viceversa) de modo coherente y homogéneo manteniendo en todo momento la atención de un público que contempla expectante los acontecimientos que se describen en la pantalla, sin ser capaz de prever lo que sucederá a continuación.

Ciertamente, este arranque no es suficiente para proclamar genialidad alguna en la labor del director de la Serie Marple, pero ejemplifica la más que digna habilidad profesional del mismo, en especial cuando se compara con los interminables, plomizos y manidos prolegómenos que Lumet y Guillermin exhiben en las dos cintas de las que antes hablé como botón de muestra de las adaptaciones cinematográficas de Christie.
Por otra parte, también la presentación del personaje principal en "McGinty" resulta mil veces más ágil y memorable que su equivalente en "Muerte en el Nilo" u "Orient Express": Los créditos iniciales del cinta muestran un plano general de la fachada de un Palacio de Justicia ("MGM Presents") seguida de una vista general de la sala en la que se está celebrando un juicio ("A Lawrence P. Bachman Production") en la que un leve zoom encuadra la figura de uno de los miembros del jurado: Una anciana con gesto cómicamente concentrado ("Margaret Rutherford"). Y si rápida y certera es la identificación de la protagonista, no menos aguda es la descripción de su carácter: Cuando los doce miembros del jurado se retiran a deliberar, el inspector Craddock (personaje habitual en las obras marpleianas de Christie y presente en las cuatro cintas de la Serie Marple bajo los rasgos del actor Charles Tingwell) augura un rápido veredicto dada la rotundidad de las evidencias acusadoras; pero sucesivos planos que muestran las idas y venidas de un policía entrando y sacando tazas de café de la habitación en donde el jurado está reunido, así como los bostezos del fiscal y del defensor (por no hablar de la imagen del juez dormitando de puro aburrimiento) revelan que la deliberación está siendo mucho más larga de lo esperado.
Cuando finalmente el jurado vuelve a la sala, el magistrado interroga al portavoz del mismo:
- ¿Tienen ya un veredicto? - No, señoría - confiesa el portavoz. - ¿COMO HA DICHO? - grita el juez con evidente irritación, comprensible tras el largo período de deliberación. - Nos ha sido IMPOSIBLE llegar a un veredicto unánime, señoría. - Bien, pues entonces sigan deliberando hasta lograrlo. - Me temo que sería una pérdida de tiempo, señoría - asegura convencido el portavoz, al tiempo que gira su cabeza hacia la izquierda, clavando su mirada en algo que está fuera de campo.
Comienza aquí un travelling lateral que sigue esa dirección y va mostrando uno a uno a los diferentes miembros del jurado, cada uno de los cuales imita sucesivamente el mismo giro del rostro hacia la izquierda, como si pasaran silenciosamente un invisible testigo de uno a otro con la mirada, hasta llegar a la persona situada al final de esa cadena de jurados, destinataria final de todos esos reproches silenciosos...Que no es otra que Miss Marple, que mantiene la mirada fija en el frente con expresión de absoluta obstinación.
Cuando la anciana abandona la sala y pasa junto a Craddock, este comenta en voz alta y con obvio retintín:
- Si alguna vez he visto un caso claro, es este; pero por lo visto un miembro del jurado se ha mostrado deliberadamente terco...
A lo cual Miss Marple, recogiendo el comentario y volviendo la cabeza, aclara: "Más de uno, inspector, se lo aseguro". "¿Sí?", se interroga Craddock. "En efecto - responde Miss Marple - "ONCE, para ser exactos". Tras lo cual se marcha tan tranquila.

En este corto pasaje de apenas cuatro minutos, Pollock y los suyos han hecho algo más que suscitar la sonrisa del espectador: Han dejado sólidamente establecidas las pautas de comportamiento de su heroína, de forma que su actitud posterior le resulte completamente creíble al público, avisado previamente de que es una mujer con carácter, de férrea voluntad, que no se deja presionar ni engatusar por nadie y que está dispuesta a llegar adonde sea con tal de defender lo que cree justo. La imagen frágil y delicada de la Jane Marple literaria se borra así de un plumazo para ser sustituida por una detective mucho más activa y decidida pese a su avanzada edad, que a diferencia de su modelo novelesco gusta de llevar directamente las riendas de la investigación.
Anímense a verla..es una delicia.

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