viernes, mayo 30, 2008

Cuentos de Terramar

No voy a ocultar mi amor por el cine de animación en general, y sobre todo por algunos de los mejores autores. Por encima de todos, para mi, siempre ha estado Hayao Miyazaki. A estas alturas, no se me cae el anillo por decir que "Porco Rosso" es la película de animación más grande jamas realizada, e incluso más allá de la animación ocupa un lugar privilegiado en mi corazón y retina cinéfila. Pues bien, anoche pude ver "Gedo senki" o "Cuentos de Terremar" en su traducción al castellano. Esta cinta de animación está dirigida por el hijo de Hayao, es decir, por Goro Miyazaki, aunque todo el estudio de su padre (el Studio Ghibli), y su padre mismo, hayan estado involucrados, por supuesto.

Para empezar, Terramar es un mundo ficticio creado por Ursula K. Le Guin en el que se desarrolla la serie de novelas fantásticas conocidas como "El ciclo de Terramar". Originalmente fue creado para ubicar ahí su cuento "La palabra que libera", publicada en 1964, pero que se hizo famosa con la novela Un mago de Terramar, publicada en 1968. En la actualidad, además de la ya mencionada, cuatro novelas tienen lugar en Terramar: Las tumbas de Atuan (1972), La costa más lejana (1974), Tehanu (1990) y En el otro viento (2001). Se que he leído algún cuento de la Ursula, pero no lo tenía en mente anoche, ni lo pienso tener ahora.

Por otro lado, el resumen de la cinta es el siguiente: "Arren es el heredero al reino de Enlad, metido a vagabundo tras verse obligado a huir de su casa. Su camino se cruza con el de Gavilán, un poderoso archimago del que acaba convirtiéndose en compañero. Gavilán intenta descubrir qué es lo que está rompiendo el equilibrio en el mundo, haciendo desaparecer la magia, sembrando la sequía, el hambre, la enfermedad y la muerte. Su investigación lo reencuentra con Cob, un brujo muy malo que tiene un particular interés en Arren."

La cinta, técnicamente es preciosa. Yo me decanto por decir que es animación "tradicional". Son dibujos hechos a mano, sin desarrollos sobre máquinas, CGI's y esas cosas. Recuerdan mucho a títulos muy anteriores (pero geniales sin duda) como a la mítica serie sobre Sherlock Holmes de Miyazaki: ""Meitantei Holmes", o a sus grandes películas como "Mononoke-hime" o "Sen to Chihiro no kamikakushi". Técnicamente pese a ser, cómo digo, animación tradicional, es muy suave, preciosa y colorista. Cumple con las espectativas que se tienen al venir del Studio Ghibli. Nada que objetar.

El punto flojo está en la dirección, y muy a mi pesar, en el guión. Goro no es su padre. Faltaría más. Goro ha mamado de la grandeza de su padre, igual que cualquier hijo que ve a su padre hacer su trabajo es capaz de ponerse e intentar hacer lo mismo. Y además, hacerlo bien, pero le falta la magia y la grandeza. Goro intenta condensar demasiada historia y demasiados sucesos en el metraje, y se pierde, por desgracia en ello. No se queda con la sustancial, salvo unos minutos antes del final, algo que desconcierta al espectador. Además, no sólo no se molesta en introducir al espectador lego en la literatura original en el mundo de Terramar y sus reglas, además la propia historia da la impresión de estar hecha con retazos pegoteados sobre los personajes centrales. Así eventos que en un principio parecen muy trascendentales, como la huida de Arren de su casa, desaparecen por completo de la película, mientras que por ejemplo a escasos diez minutos del final se producen cambios radicales -con la trama principal ya completamente resuelta- que nos dejan pasmados, sobre todo porque se trata del final.

Los personajes parecen hormas sin desarrollar; así Arren es el "príncipe huido de su pueblo con secreto", tenemos el "sabio viajero con misión" o la "joven salvaje e independiente", sin nada más; mientras las películas de su padre rellenaban estos armazones aunque hubiese que sacar historia de la más anodina de las anécdotas, como en "Suspiros del corazón", su hijo Goro parte de un original muy rico pero parece que ha desencuadernado los libros y perdido su película entre toneladas y toneladas de papeles.

Así, por ejemplo, respondiendo al mismo arquetipo, tenemos a Arren y a Ashitaka de "La Princesa Mononoke"; este último tiene una misión clara que es la que guía sus pasos, se explican todos los pormenores y motivos de su huida forzosa y conocemos en detalle los efectos de la maldición que lo persigue. Arren, en cambio, parece estar más perdido en el mundo de Terramar que el espectador, sufre una extraña maldición de la que no se nos explica nada y todas sus decisiones parecen fruto del azar más puro. Una pena.

El ritmo de la cinta, además, no ayuda nada. Es muy lenta y parece que avanza a "trompicones". Da la sensación de que es necesario que los personajes sufran y/o tengan que tomar decisiones, para que la trama de la cinta avance con ellos, cuando, en mi humilde opinión, siempre será mejor al revés.

No puedo dejar pasar, mencionar la preciosa banda sonora. Como es habitual en las producciones Ghibli, la banda sonora es notable, aunque el compositor no sea el genial Joe Hisaishi, sino Tamiya Terajima, que también un par de buenas referencias, y visto lo visto, le queda mucha carrera por delante (pese a sus 50 años ya). Dentro de la del apartado sonoro hay que hacer mención aparte a la increíble voz de Aoi Teshima, intérprete de las dos canciones del film.

En fin, una pena el ritmo tedioso de la cinta, el guión muy flojo que lastran una cinta técnicamente preciosa. Aún así, es una gran cinta de animación, comparada con lo que nos suele llegar habitualmente, y que siempre merecerá la pena verla, aunque sólo sea para disfrutar de lo bueno que tiene.

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