lunes, julio 28, 2008

Copying Beethoven

Siempre he pensado que ser un genio sería muy difícil. No, no me ha entrada un ego descomunal y me estoy creyendo que yo lo sea. No van por ahí los tiros. A lo que iba, los genios, los grandes genios (no esos inventados, ídolos con pies de barro que campan por nuestras televisiones) de las artes y las ciencias, los de todos los tiempos, ya sean un Nicola Tesla, una Marie Curie, Velázquez, Asimov, Sir Isaac Newton o Platón (o tantos otros y otras), debían ser personas no sólo muy diferentes al resto, sino además muy difíciles de congeniar en el mundo que les rodeaba. No sólo porque además, estoy convencido que cuando eres un genio en una materia, en una disciplina o en un arte, por otro lado, algo te falta, ya sea educación, modales, cultura, sensibilidad, u otro, o bien te sobra en exceso ego, soberbia y demás. Siempre, por desgracia, destcar es difícil, y la delgada línea entre la genialidad y la locura está ahí.

Por eso, "Copying Beethoven" nos ofrece una visión totalmente diferente y alternativa de un genio como fue Ludwig van Beethoven. No hace falta decir quien y que hizo Beethoven, como antes lo habían hecho Mozart, Bach, Verdi, Monteverdi, Hendel, y tantos otros. No, la cinta no es un "biopic" al uso. Va por otros derroteros, nacidos de una invención (la historia es falsa, y con ciertos errores "de bulto") pero que se adentran en otras cosas, bellas, duras y quizá, más difíciles de expresar, sino fuera por el hilo conductos de la música.

La película tiene el siguiente argumento, más o menos, como nos cuenta la Wikipedia: "Es 1824, Beethoven (Ed Harris) está terminando su Novena Sinfonía bajo la presión de su inmediato estreno y con los problemas que le ocasiona su sordera. Un personaje de ficción es introducido en la película en la forma de Anna Holtz (Diane Kruger), estudiante aventajada del conservatorio de música de 23 años y aspirante a compositora con pocos medios, que intenta encontrar inspiración y prosperar en la capital mundial de la música, Viena. El compositor contrata a Anna Holtz como copista, pero con algunas reservas, ya que es una mujer en un mundo tradicionalmente reservado a los hombres. Ella demostrará sus grandes dotes en el mundo de la música y dejará perplejo al propio Beethoven."

La cinta indaga, a través de ambos personajes, en la dificultad de Beethoven para convivir en el mundo que tenía alrededor. No sólo por ser un genio, sino por su ego increíblemente alto, su creencia de que él oía a Dios, y que expresaba lo que el creador le contaba, y su forma de entender la música. Pero además, la cinta, muestra de manera maravillosa lo que Beethoven debía sentir cuando componía, cuando creaba, cuando dirigía, y lo que su música podía ofrecer a todo el mundo que la supiera escuchar. Además, la relación establecida de amor, odio, necesidad entre los personajes principales redunda en todas las idéas de la cinta, pero además, establece un punto de comparación muy interesante.

Cabe aclarar, como decía, que la historia es puramente ficción y que Anna Holtz no existió realmente, en la época de la película Beethoven ya estaba completamente sordo (no con alguna capacidad de audición que se muestra), nunca dirigiría el estreno de "La Novena" y demás licencias (Ninguno de los copistas contribuyó ni alteró en forma alguna la partitura original de Beethoven. De hecho, éste les amonestaba por cualquier desviación que se produjera con respecto de la partitura manuscrita original, por pequeña que fuera, ya que él era la perfección en ese ámbito), si bien ciertas escenas son tomadas de la realidad, como por ejemplo el hecho de que una mujer (del coro) se le acerca a decirle que se diera , vuelta para recibir los aplausos porque no los había escuchado. Pero todas estas licencias, y en general la invención, están justificadas de sobra en la cinta. Y de hecho, la ficción es para lo que tiene que servir ¿no?.

La cinta tiene una escena central IMPRESIONANTE. Se trata del estreno de "La Novena Sinfonía". La cinta recrea pasajes completos, y nos muestra el éxtasis de Beethoven y de la joven (que le está ayudando a dirigir, ante la insistencia de hacerlo por parte de Beethoven pese a su sordera) de una manera maravillosa. La directora de la cinta, el director de fotografía y el montador se lanzan a una aventura que queda preciosa en la pantalla, hasta el punto de que podría decirse que esta parte del filme es un dúo concertante de música y cine. La representación objetiva del espacio pasa a un segundo plano allí para mostrar una proximidad entre la apuntadora y el compositor que es más espiritual que física. Hay planos en los que parece que puede vérsela claramente a ella, en medio de la orquesta, desde la perspectiva del podio, y otros en los que parece invisible. A medida que se desarrolla la música, la narración va cambiando también, para acompañar, por ejemplo, con primeros planos alternados de ambos personajes con los ojos cerrados, las partes más líricas de la pieza, para luego volver a los planos más abiertos, con movimientos rápidos de cámara. Todo ello con la música de la sinfonía sonando perfectamente encajada. Una preciosidad.

Pero la película además tiene otros momentos, reforzados por la música, pero dramáticos por el contenido, ese que decía yo más arriba, que tienen. Cuando Beethoven estropéa las ansias de ingeniería de alguno, la secuencia bellísima inicial donde Anna entiende por fin la última composición del maestro (La Gran Fuga, con esos planos, montaje y sentimiento en Anna, que luego se descubrirá a qué se debe. Me ha parecido audaz, cuando lo lógico hubiera sido contarlo de forma lineal y cerrar con la fuerza de la Gran Fuga y Beethoven muriendo), o la secuencia donde se asiste a la explicación con palabras de la composición de esta Gran Fuga. Un momento maravilloso , ya que pocas veces como ésta se habrá explicado con palabras algo que simplemente debe sentirse y no decirse.

La interpretaciones están geniales. Ed Harris está increíble en la caracterización de Beethoven, pero además en la manera en que transmite los sentimientos. La que en un principio podía parecer "pavisosa" Diane Kruger, lo hace francamente bien. Y la cinta no necesita más. Una gran fotografía, de Ashley Rowe, perfectamente elegida como contrapunto real al mundo de color y magia del alma de Beethoven y de la brillantez de su música, y como decía, con grandes interpretaciones, y que, sobre todo, ha demostrado una lógica y coherencia interna que abruma.

Os dejo con parte de la secuencia de La Novena Sinfonía:

Zemanta Pixie

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