lunes, agosto 18, 2008

Speed Racer

Con mucho retraso, pero con muchas ganas, disfruté de esta película el fin de semana. No sabía muy bien que esperaba, pues poco había visto en los "trailers", y poco había leído. He de decir que no soy nada, para nada, admirador de los hermanos Wachowski (Andy Wachowski y Larry Wachowski) y más bien soy un detractor de la tan cacareada The Matrix, por ejemplo gustándome más la única adaptación de una obra de Alan Moore que no apesta a mala película de cómics infantil ("V for Vendetta") y cuya mejor pelícual de ambos es la genial "Bound (1996, Lazos Ardientes en nuestro país)" con las inolvidables Jennifer Tilly y Gina Gershon haciendo de mafiosas y lesbianas con Joe Pantoliano y Christopher Meloni dándoles las réplicas.

Con estos mimbres, podía haber salido cualquier cosa, pero la verdad es que disfruté como un enano. Es evidente que los Wachowsky tienen bastante talento para lo que hacen., que no es ni más ni menos que saltarse a la torera las normas escritas de un género, así como n leyes físicas, y hacer una cinta de entretenimiento visual (y en el caso de "lazos" de guión) cojonudas. "Speed Racer" está llena de problemas: visualmente puede llegar a ser insoportable, entiende mal el concepto de entretenimiento "para toda la familia", las actuaciones igual no se entienden y tiene un humor (que suele incluir monerías de un mono) muchas veces ridículo. Y aún así, no es una mala película, todo lo contrario.

El argumento sería algo así: "Speed Racer (Emile Hirsch) sólo vive para las carreras. desde la muerte de su hermano en una de ellas. Junto con su padre (John Goodman) y diseñador de su coche Match 5, han terminado una gran temporada, por lo que atraen la atención de las grandes patrocinadoras. Al rechazar el contrato de Royalton, que amaña las carreras para aprovechar su influencia sobre el mercado automovilístico, su presidente se convierte en el enemigo jurado de Speed, lo que a su vez coloca a éste en el bando de Racer X (Matthew Fox), que intenta combatir la organización mafiosa detrás de la Royalton.".

Como decía los hermanos estos no pueden hacer nada "normal". Ahora, han rodado la primera cinta de animación en imagen real, muy cercana a cintas como "Beowulf", "Sin City" y "Casshern", pero va un poco más allá, y con un estilo muy marcado, recargado y SOBRE TODO COLORISTA. "Speed Racer" es una de esas obras de vanguardia digital que se abre paso a machetazos entre la frondosa jungla que nos separa de un cada vez más cercano cine del futuro; como "Sky Captain and the World of Tomorrow" y "Sin City", no es tanto una película como la traducción al lenguaje cinematográfico de los códigos y formas de otros medios de expresión. En este caso, los directores construyen un tren no eléctrico, sino supersónico, a partir de la fusión del universo anime con los principios del mundo del videojuego, dando como resultado un todo excesivo, caleidoscopio, arrebatador y encauzado por las reglas más diáfanas del blockbuster modelo Joel Silver (El productor de esta y cientos de películas de consumo masivo).

"SpeedRacer" resulta novedosa sin duda por su tratamiento visual, una especie de recreación de la bi-dimensionalidad y el "a todo color" propios de los dibujos animados, que se hace evidente sobre todo en el manejo de los fondos (que llegan a recordar al "rodillo" de Hanna-Barbera típico de las escenas de en las que sus protagonistas corren), en las ocurrentes transiciones entre escenas, siempre a través de vistosas cortinillas que se integran con elementos activos de la película, como por ejemplo, el torso de un comentarista deportivo que al desplazarse lateralmente por la pantalla da paso a una nueva escena, e incluso en el uso de técnicas propias del cómic, como las líneas cinéticas.


No es esta una de esas películas que se lo pongan precisamente fácil al escéptico: su apuesta por el sentido del humor idiota (con un mono que hace monerías, que por cierto, estaba así en el original del cómic), su exceso de diálogos rimbombantes y aparentemente vacíos (los mismos que odiamos en Matrix, todo sea dicho), su ampuloso estilo visual y su inclinación hacia el artificio sobreactuado parecen pensados para asombrar, y mucho, a todo el que decida no entrar en su juego. Tampoco ayuda el hecho de que se plantee a sí misma como una película infantil (o, al menos, para toda la familia) y, al mismo tiempo, tenga una trama enrevesada —algo acerca de megacorporaciones con conexiones con la mafia y pactos para fusionarse—, un arranque de gran complejidad estructural y una Christina Ricci muy, muy erótica (a mi es que esta mujer me pone desde que vestía el negro, está muy buena, para que nos vamos a engañar).


Sin embargo, "Speed Racer" es una de esas películas extrañas y luminosas que exigen un salto de fe: su trivial excusa argumental es la base sobre la que los Wachowski construyen una espectacular y heterodoxa celebración del placer viisual, con una rara habilidad para aniquilar la distancia irónica sin tomarse en serio a sí misma y una capacidad para fascinar similar a la de un buen cómic.

"Speed Racer" esconde otra referencia clave: Hayao Miyazaki. Su influencia en las imposibles pistas de carreras de la película es realmente increíble: sólo Miyazaki había mostrado el mismo interés por convertir las secuencias de conducción en un espacio para el derroche de imaginación, la arbitrariedad, el desafío a todas las leyes de la física y un sentido de la maravilla que está por encima de la física elemental. No es el único secreto de las carreras automovilísticas de "Speed Racer" (en las que el recuerdo de esos dibujos animados de "Los autos locos" se da la mano con elementos extraídos de los videojuegos de conducción más avanzados), pero conviene tenerlo en cuenta a la hora de juzgar a una cinta que se guía antes por la lógica del anime que por la de las insípidas persecuciones del cine de acción en imagen real. Aquí, los pilotos pueden dialogar en un falso plano-secuencia que nos acerca a sus rostros en pleno fervor de la carrera, por no hablar de la cantidad de ases en la manga que los Wachowski se reservan para la increíble, apoteósica , rápida, climática, última carrera.

En cuanto a las interpretaciones, yo creo que hay que tomárselas a chiste. Tanto la erótica Ricci como la madre coraje Susan Sarandon se ríen de si mismas. El guaperas Matthew Fox demuestra que es algo más Jack de "Lost" y sin duda alguna, el mejor de todos ellos es John Goodman, porque su papel consiste en estar orgulloso de su hijo y nadie pone cara de estar orgulloso como Goodman, además cuando descubrimos SU OTRA PROFESIÓN, nos desternillaremos :)

En fin, "Speed Racer" funciona como obra de consumo rápido actual y auto-consciente hasta el extremo de su ligereza, pero también puede verse como una muestra de los nuevos caminos que la hiperrealidad y la superación de lo posmoderno (por algo que aún no tiene nombre, pero que definitivamente está contenido en esta película) pueden emprender en el Hollywood de los próximos cinco años.
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