sábado, septiembre 20, 2008

There Will Be Blood

Ya estamos otra vez con la mierda de las traducciones en este país. De verdad, me enoja que haya gente que cobre dinero por hacer mal las cosas, es una pena. Me puede explicar alguien porqué esta película no se podía titular: "Habrá Sangre " (literal), o "Correrá la Sangre", o "Se derramará Sangre" o similar. ¿Poruqé hay que titularla en España "Pozos de Ambición"? Es que es vergonzoso...en fin.

"There Will Be Blood" es la última película del director Paul Thomas Anderson. El mismo que me maravilló en 2002 con "Punch-Drunk Love" o en 1999 con "Magnolia". Pues bien, aquí, lo que ha hecho es enloquecer. O esta cinta la ha dirigido su hermano malo, o sencíllamente se ha tirado todo el rodaje colocado de "crack". No lo entiendo. La cinta es aburrida, soporífera, ininteligible y en resumidas cuentas mala de campeonato. Sólo he de decir, que es la primera vez que me pasa con una película en casa, que dejo de verla. Si, a la hora y media, de lo mala que estaba resultando, la dejamos de ver. Varios días más tarde, retomamos la última hora (si, si, dura 2 horas y media este "truño") para ver si el beneficio de la duda ejercía su misión. Pero no, aún podía ser más mala.

La película nos habla de Daniel Plainview (interpretación que le valio el Oscar a Daniel Day-Lewis), un magnate del petróleo hecho a sí mismo que se dirige con su hijo H. W. (Dillon Freasier en niño y Russell Harvard en adulto) a Little Boston, un pueblo del Oeste sobre el que le han dado el soplo de que en el subsuelo encontrará mucho oro negro aún por explotar, virgen y con unos pueblerinos que se lo venderán por 4 duros. En la localidad se topará con el sacerdote Eli Sunday (Paul Dano), que le pondrá dificultades, sobre todo por lo fanático religioso del sacerdote.


La historia, a priori, promete. De hecho, el comienzo de ‘Pozos de ambición’ es sumamente interesante y está llevado con gran acierto en el tono, de manera lenta, pero que mantiene la atención. La primera escena, casi sin diálogo, con un sonido magistral es preciosa. La narración de los comienzos de Plainview como petrolero, la llegada al pueblo, el hallazgo del petróleo, la construcción del pozo… contituye material suficiente para crear una película. El retrato de un personaje hecho a sí mismo, que es ambicioso, pero –al menos hasta ese momento— no es mala persona merece nuestra atención y se puede ver con interés. Son esos 40 primeros minutos. Después llega la ecatombe. El personaje central cambia (se nos muestra como un malo maloso), los personajes a su alrededor cambian, o desaparecen, o se diluyen, o que se yo, pero hay un baile de escenas sin sentido que alarga la cinta cuando ya no había material para mucho más. El giro del hijo de Plainview es inexplicable, las idasy venidas del protagonista, el sacerdote, etc. Es que nada tiene sentido (en el guión) pero es que la realización se olvida que hay espectadores, y se vuelve rota, errática, sin sentido.


Los saltos temporales del guión, que son de juzgado de guardia, en manos del director se convierten en verdaderas pesadillas de montaje, planos y contra planos. Uno nunca sabe donde estamos ni que estamos viendo, y lo que es peor, parece que no sabemos que narices quería decir el director con ello.

A Paul Thomas Anderson se le va la película de las manos. Los actores empiezan a sobreactuar (bueno, el predicador, Paul Dano lo hace desde el minuto 1) sobre todo Daniel Day-Lewis cuya interpretación es buena, pero va de bien a peor. El personaje inicial, sobrio, duro, recio, se convierte en un pelele que no transmite nada, que no muestra nada y que sólo es un mero cuerpor de expresión. Fatal.


En otros apartados, la música es insufrible. Jonny Greenwood hace un trabajo nefasto, sobre todo en las escenas sin diálogos, donde la música debería servir de hilo conductor y se convierte en algo "machacón" sin sentido, como el resto del filme. Pero en general, a todo el departamento de sonido tendrían que pasarlo por la piedra, porque el sonido de la cinta es pésimo. No me refiero a la calidad del mismo, sino a su contenido artístico, que quede claro :). Los departamentos que quizá se salven, sean la fotografía de Robert Elswit y todo el diseño de producción.


Resumiendo, una cinta que no me ha gustado nada. Una película larguísima, pretenciosa y, sobre todo, sobreactuada. Es decir, excesiva en todo. En cuanto se aleja de la historia se diluye y se enzarda en unas pretensiones equivocadas. Y sobre todo, cuando se pierde la sobriedad de la dirección y las actuaciones.

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