martes, octubre 21, 2008

Before the Devil Knows You're Dead

Esta ha sido la película del fin de semana. Dura casi las dos horas, y es de esas cintas lentas y cuyo argumento se va desgranando muy poco a poco. Esto es lo primero que impresiona de la cinta, y lo segundo es que haya sido Sidney Lumet quien la firma. Este "monstruo" del cine, de 83 años, que lleva más de 60 películas y episodios de televisión ("12 Angry Men (1957)", "The Hill (1965)", "Serpico (1973)", "Dog Day Afternoon (1975)", "Family Business (1989)", "Night Falls on Manhattan (1996)", etc.), ha hecho teatro (como director se entiende) y un sinfín de cosas, que aún se ponga detrás de las cámaras (y ruede en digital por cierto) y sea capaz de hacer una buena película, es muy loable. Y dice mucho de como está el panorama actual, por otro lado.

No se puede entrar mucho en la trama de la cinta, por aquello de caer en los spoilers y destrozar el argumento (hola Pablo :) ), así que el argumento se puede resumir brevemente en: "Los protagonistas son los hermanos Henson. Por un lado está el pequeño Hank (Ethan Hawke) y Andy (Philip Seymour Hoffman), que en medio de grandes problemas económicos (Hank es un fracasado integral y Andy, aunque exitoso en los negocios, no puede mantener su ritmo de vida). Sus padre es Albert Finney y su madre Rosemary Harris). Los dos hermanos recurren a un robo, que a priori parece fácil de llevar adelante, que traerá pésimas consecuencias a la familia."

Lo tercero que llama la atención es que cuando Lumet debería estar pensando en la jubilación es capaz de atreverse a hacer una película con contínuos cambios temporales. Hay "flashbacks", hay roturas en la acción para intercalar hechos posteriores o anteriores, la misma escena vista desde varias perspectivas según la "cuente" un personaje u otro, etc. Es decir, Lumet, que a sus 83 años debería tener problemas para programar el DVD para ver sus grandes éxitos, está, sin embargo haciendo cosas, medianamente innovadoras actualmente y muy nuevas en su filmografía. ¡¡ Chaupeau !!. Porque además, está hecho con su sello personal, es decir, con un ritmo pausado, tranquilo, dejando que los personajes progresen con la historia y que el espectador sea eso, mero espectador de lo que se nos quiere contar.

La cinta contiene muchos pasajes preciosos, como la escena del atraco, así como unos soberbios diálogos y profundos silencios que nos van enseñando los verdaderos y oscuros motivos de ambos hermanos, sus pecados, sus debilidades y su fatalidad convertida en lazo de unión al que intentan aferrarse. Tiene además, escenas muy duras, de acción realista, de sangre y balas, y hay una profunda reflexión sobre el comportamiento del ser humano, que a Lumet no se le escapa dejar insertada en la cinta.

Pero Lumet siempre ha recurrido a los actores para que salven la situación. Es decir, cuando la trama se hace espesa (que se hace), y precisamente los saltos en el tiempo puedan confundir, es cuando exige a los personajes los momentos más dramáticos para poder solventarlo. Es decir, estamos hablando de lo exigente que es para con el reparto. Y los 4 actores principales lo hacen con nota, quizá, sólo quizá, el más flojo sea Hawke. Hoffman está muy bien, e incluso tiene momentos cómicos que los solventa con facilidad. Finney está muy pero que muy bien también. A su edad, hacer de si mismo podría ser fácil, pero si encima tiene que tener momentos duros y con fuerza, lo hace estupendamente. Tenemos a Marisa Tomei, que se pasa casi todo el metraje enseñando sus pechos y en general todo su cuerpo (y que bien se conserva ella, a sus 38 inviernos) tampoco está mal. Como decía, el peor es Ethan Hawke, que cae en el histrionismo cuando no llega a dar la talla.


En fin, una película buena, con una dirección excelente, que en algunos momentos se hace pesada, pero que la labor de los actores, y el propio argumento solventan y que resulta muy agradable. “El mundo es un mal lugar” es una de las frases esenciales que se afirman en una crucial escena y resume a la perfección el retrato del comportamiento del ser humano que Sidney Lumet nos ha dejado.

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