viernes, octubre 17, 2008

Justine o los infortunios de la virtud

Este es el último libro que he leído. Aprovechando las viajes de avión y tren de mi reciente visita a Dinamarca, he podido dar cuenta de este libro del Marqués de Sade (Donatien-Alphonse-François de Sade). La obra del "Divino Marqués" no me es desconocida, no sólo a través de algunas de sus obras, como por el Cine. Hay grandes película (quizá no para todos los públicos algunas de ellas) como "Quills (2000)", "Salò o le 120 giornate di Sodoma (1975)", etc. Pero la verdad que este libro tenía cierto "aura" y era un "must have".

El libro, actualmente es fácil de digerir (qué no tanto de leer). No digo que no contenga muchos pasajes un tanto sórdidos, sádicos y demás, pero actualmente, por desgracia debería decir, tenemos el cuerpo "curado de espanto" como se suele decir y nada nos escandaliza. Pero, efectivamente, esta novela, cuya primera versión fue escrita en 1787 tuvo que suponer entonces un completo escándalo, y de ahí la vida del autor, que no pienso relatar en esta entrada. Posteriormente, en 1791 y 1797 se editaron dos versiones diferentes de la novela. Según se dice, esta es una de las obras más importantes e influyentes de su autor, junto con Los 120 días de Sodoma y La filosofía en el tocador.

Volviendo a libro, lo que más me ha llamado la atención no es, aunque pueda sorprenderlo, los contenidos sádicos y erótico-festivos, sino los contenidos sociales. Me explico, son los contenidos sobre filosofía y sobre la moral y la religión lo que más me ha llamado la atención. Sade, tomando como disculpa la crítica a la virtud (o a la carencia de ella) donde expone sus teoría de libertad extrema. Sus ideas de la moral, de la religión y de las leyes (hay capítulos enteros dedicados a criticar la imposición de leyes en la sociedad francesa) acaban desencadenando la exposición de su sistema filosófico materialista y ateo. Su filosofía de vida (o lo que yo entiendo de la misma) es la de la libertad EXTREMA, sin el freno de ningún tipo de moral, por supuesto sin la intervención del estado o de las leyes, y por claro, dejando a un lado toda cuestión religiosa.

Sade explica sus ideas de la búsqueda del placer PERSONAL como idea única, como forma de vida, como principio más elevado.

La historia del libro se puede resumir como: "Se trata de la vida desgraciada de Justine, una jovencita a la que la naturaleza ha dotado de un irresistible impulso hacia la virtud, pero al quedar huérfana, se enfrenta a un mundo lleno de libertinos. Ella y su hermana Juliette se ven obligadas a buscarse la vida como pueden, pero mientras que Juliette, inclinada naturalmente al vicio, decide prostituirse, lo que la lleva a alcanzar el éxito y la respetabilidad, la buena de Justine se empeña, contra viento y marea, en querer llevar una vida virtuosa." Las cosas que le ocurren a Justine, las resume ella misma en un pasaje final de la novela:

"Un usurero, en mi infancia, quiere impulsarme a cometer un robo; me niego: se enriquece. Caigo en una banda de ladrones, escapo de ella junto con un hombre al que salvo la vida: como recompensa, me viola. Llego a casa de un señor disoluto que me hace devorar por sus perros, por no haber querido envenenar a su tía. Paso, de allí, a casa de un cirujano incestuoso y homicida a quien intento evitar una acción horrible: el verdugo me marca como a una criminal; sus fechorías se consuman sin duda: él triunfa en todo, y yo estoy obligada a mendigar mi pan. Quiero acercarme a los sacramentos, quiero implorar con fervor al Ser supremo del que recibo, pese a todo, tantos males; el augusto tribunal donde espero purificarme en uno de nuestros más santos misterios se convierte en el teatro ensangrentado de mi ignominia: el monstruo que abusa de mí y que me manosea se eleva a los más altos honores de su orden, y yo recaigo en el abismo espantoso de la miseria. Intento salvar a una mujer del furor de su marido: el cruel quiere hacerme morir derramando mi sangre gota a gota. Quiero ayudar a un pobre: me roba. Ofrezco ayuda a un hombre desmayado: el ingrato me hace dar vueltas a una rueda como una bestia, y me ahorca para deleitarse; los favores de la suerte le rodean, y yo estoy a punto de morir en el cadalso por haber trabajado a la fuerza en su casa. Una mujer indigna quiere seducirme para una nueva fechoría: pierdo por segunda vez los escasos bienes que poseo, por salvar los tesoros de su víctima. Un hombre sensible quiere compensarme de todos mis males con el ofrecimiento de su mano: expira en mis brazos antes de poder hacerlo. Me arriesgo en un incendio para arrebatar de las llamas a una niña que no me pertenece: la madre de esta niña me acusa y me incoa un proceso criminal. Caigo en las manos de mi más mortal enemiga, que quiere llevarme a la fuerza a casa de un hombre cuya pasión consiste en cortar cabezas: si evito la espada de aquel malvado, es para recaer bajo la de Temis. Imploro la protección de un hombre al que he salvado la fortuna y la vida; me atrevo a esperar de él alguna gratitud; me atrae a su casa, me somete a horrores, convoca allí al juez inicuo del que depende mi caso; los dos abusan de mí, los dos me ultrajan, los dos aceleran mi pérdida: la fortuna los colma de favores, y yo corro a la muerte."

La verdad es que el libro se hace duro de leer en algunos momentos, no por los contenidos salvajes y eróticos, sino por la exposición de ideas del autor. Sade, que se vale de un narrador omnisciente, se hace muy pesado en algunos pasajes, y cada vuelta de tuerca a sus teorías se vuelve excesiva. Además, por "machacón" muchas veces se hace reiterativo. Y por supuesto, la suerte increíble que sufre la protagonista, después de 3 o 4 pasajes, empieza a cansar.

En fin, un libro que se puede decir decepciona, en la actualidad (no hay más que leer un periódico para conocer los infortunios que hay, tanto a los virtuosos como a los no virtuosos), que se hace pesado de leer en muchos pasajes, pero que es historia viva de la literatura, y que, en cierto modo, hay que pensar lo que pudo suponer en una sociedad como la de entonces. Además, las ideas del autor (se comprendan, compartan o no) se pueden digerir y resultan una exposición clara de las mismas.
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