miércoles, abril 29, 2009

Grand Prix

Tenía yo muchísimas ganas de ver esta película. Aprovechando que estoy en casa, enfermo (un proceso gripal NORMAL, que con reposo, leche con miel y aspirina debería pasar), no he podido resistirme a enchufarme el DVD (que lo compré hace siglos) de la que decían la mejor película sobre las carreras de coches y la fórmula 1. Y en efecto, es una MARAVILLA.

Estoy hablando de "Grand Prix" una película de 1966 dirigida por el mítico y genial director estadounidense John Frankenheimer. Para el que no conozca a este director, debe revisar su filmografía, pues es uno de los directores USA que más a contribuído, en los 60, 70 y 80 a películas de acción, y retratar a la sociedad americana de la época con dureza y crudeza. En la epoca "moderna" del cine sólo es destacable "Ronin", pero de sus mejores películas, son destcables muchas, que ahora mismo deberías ir a ver, como: "Birdman of Alcatraz", "The Young Savages", "The Manchurian Candidate", "Seven Days in May", "The Gypsy Moths" ("Los Temerarios del Aire", que tiene muchas similitudes con la película que comento) y "I Walk the Line" (Película de Frankenheimer sobre la otra América. Una obra profunda construída sobre la duda, el fracaso, y la incomprensión, en contra de las reglas de la dramaturgia de Hollywood. Hermosa fotografía de David Walsh, y un lirismo agridulce, al son de las canciones de Jonny Cash).

Esta película es una MARAVILLA. Es una PROEZA TÉCNICA. Pero es que, además, hay que verla pensando que se rodó en 1966, con unas difilcultades terribles y con un coste tremendo. se trata de un proyecto absolutamente personal de Frankenheimer, y no de un encargo de la Metro, que fue su distribuidora; el director se empeñó en rodar esa película, cosa nada fácil en su momento y no cejó hasta conseguirlo.

La cinta cuenta el mundial de Fórmula 1 de 1966, que se disputa a 9 carreras. Veremos las 9 carreras (obviamnete no completas), y seguiremos a cuatro pilotos enfrentados entre si, pero amigos. No sólo seguiremos el devenir deportivo, sino que además veremos como es la vida personal de cada uno de ellos, sobre todo a raiz del desafortunado accidente de uno de ellos. en el primer gran premio, en Mónaco. Al final, en la última carrera, en Monza, sólo uno puede quedar campeón.
Es el tiempo de los Hill, Clark, Stewart, Brabham. Salen de hecho en la película haciendo de extras o incluso compitiendo en las carreras. Son esos bólidos preciosos. Y por supuesto esta Jordan BRM, Ferrari, Bruce McLaren...lo tiene todo. Además, he de añadir que para mi ha sido maravilloso porque entre las nuevas carreras relatadas, salen SPA y MONZA. Si, en el 66, pero yo he estado ahí. Y casi las lágrimas corrian por mis mejillas. IMPAGABLE.

A Frankenheimer le interesaba rodar una película fielmente ambientada en el mundo de la Formula 1. Lo que él pretendía era hacer algo así como la película definitiva sobre el tema y con la mayor fidelidad y exactitud posible. Y vaya si lo logra. No sólo contó con la colaboración de los pilotos profesionales y de escuderías, sino que se inventó toda una serie de parafernalias técnicas para poder rodar las imágenes como él quería. Lo que nos lleva a la conclusión de que estamos ante un film irrepetible.

El método que adoptó Frankenheimer para su film fue poner directamente al espectador en el coche de carreras. Ése es el gran acierto técnico, la proeza del film: un film espectáculo cien por cien que decae un tanto entre carrera y carrera cuando aparecen las historias personales de los cuatro pilotos y la gente que les rodea.

Y así, el virtuosismo técnico desplegado por Frankenheimer en 1966, visto hoy, sorprende y deja boquiabierto, incluso si el visionado del film se hace en un televisor de pantalla pequeña: es casi inevitable sujetarse a los brazos del sillón en algunos momentos, tras lo cual uno imagina lo que debía de ser esta película proyectada en cinerama en su momento, sistema en el que se estrenó. Y conviene recordar que estamos hablando de una película rodada con las técnicas de 1966, que no pueden compararse con las actuales en cuanto a montaje, fotografía, sonido, luces, cámaras a emplear, etcétera. Decir esto en 2009 es un poco fuerte, pero es que más fuerte es ver la brillantez técnica desplegada en el film, la fotografía de una pureza sin límites, el sonido con sus efectos milimétricamente calculados (Frankenheimer explica en uno de los documentales que un técnico de sonido grabó cuidadosamente el ruido del motor de cada coche para que en el montaje se pudieran distinguir perfectamente de los demás).

El resultado de todo ello fue que el film ganó tres oscars, todos en el apartado técnico: mejor montaje, mejor sonido y mejores efectos de sonido. No hubiera estado de más otro oscar a la fotografía para redondear los logros, puesto que estos cuatro apartados son los artífices de esta no igualada proeza técnica.

Eso si, algún pero tiene que tener la cinta. El primero, es que en caso de no entender las carreras ni estar algo apaasionado por ellas, mejor no verla. Hay momentos en que hay que distinguir pilotos, salidas de pista y demás para saber qué está pasando. Además, la cinta dura más de 175 minutos (casi tres horas) y esto puede resultar duro. Pero el peor de los peros, son esos personajes escasamente estimulantes interpretados por unos actores todavía menos estimulantes. El reparto es bueno, con James Garner, Eva Marie Saint, Yves Montand y Toshirô Mifune entre otros. Pero los que mejor destacan son la Eve Marie y el Montand, que además de formar pareja en el film son también los únicos con cierto atractivo entre los demás. A Montand no le cuesta mucho componer su personaje del piloto francés veterano y ganador de varias carreras, escéptico, consciente de la falsedad de mucho de este mundo de la Fórmula 1 y en cuya mirada es posible leer cierto temor premonitorio: su trágico final está casi cantado.

Pero, y volviendo a las vistudes, no sólo de las brillantes secuencias automovilísticas vive Grand Prix: hay otros momentos (muchos con Montand y Eve Marie Saint) destacables. Como ese breve y memorable plano subjetivo de Eve Marie Saint mostrando sus manos ensangrentadas a los paparazzi para que las retraten disparen sus flashes y las retraten: un plano de apenas dos segundos en el que Frankenheimer sitúa al espectador como si fuera el personaje de Eve Marie Saint --lo mismo que antes lo ha puesto en el interior de los coches que compiten como si fuera un piloto más--, y que constituye toda una toma de postura moral más estremecedora que los tópicos diálogos que hemos oído a lo largo de la película, y que sigue tan de actualidad -si no más-- hoy. Otro momento destacable es la mirada impagable de Montand a los cadáveres de los dos muchachos que han intentado cruzar la pista de carreras.

Son fragmentos de cine, son imágenes, que como los de las carreras --no menos memorable el del ballet a cámara lenta en que se ha rodado una de ellas-- permanecen en la memoria del espectador, dando fuerza y un toque poético y patético a la vez al film.

Puede que no estemos ante un clásico del cine, pero, en su modalidad y por sus proezas técnicas, estamos ante un film no superado e irrepetible. Más de un espectador de hoy que no lo conozca se sorprenderá.

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