viernes, junio 12, 2009

Catch Me If You Can


2003...

Después de mucho pensar, he decidido que sí. He decidido creérmelo. He decidido ser ingenuo. Al fin y al cabo, Steven Spielberg es una de las personas que me han enseñado que la ingenuidad intencionada, consciente del riesgo que entraña, es una virtud. Siempre me he creído a Spielberg, un director tan jodidamente bueno que, al menos para mí, no necesita poner ese ridículo cartel de "Inspirado en hechos reales" cuando empieza a contarme una historia, del mismo modo que no necesitaba uno de "Inspirado en la imaginación del director" cuando nos mostraba a unos niños volando con sus bicicletas. Sólo por la forma de narrar que tiene este tipo estoy dispuesto a creerme todo lo que me cuente. Así que me lo creo. Me creo que la historia de Frank Abagnale fue real.

¿Se podría haber convertido en una historia más pomposa y grotescamente trágica (esto es, "más seria")? Sin duda. Ya en el mismo comienzo, cuando vemos a un melenudo DiCaprio languideciendo en esa triste celda envuelto en su manta cual fantoche del IRA en plan "En el Nombre del Hijo y del Panfleto Pro-Terrorista", Spielberg tenía en su mano la oportunidad de hacerlo. Se cargan más las tintas en el hogar destrozado, en el padre derrotado, en el agente del FBI solitario, y ya tenemos la puta mierda culebronesca y lloriqueante (pero eso sí, mierda "seria", ¿eh?) que algunos críticos a buen seguro habrían deseado. Afortunadamente, el genio de Cincinatti decidió desechar esa vía ya desde el principio, y lo hizo porque cualquier cineasta con dos dedos de frente se daría cuenta de que la historia de Abergnale es mucho más jugosa como sátira semifestiva que como drama.

Todo el film se basa en una verdad irrefutable: Las apariencias engañan. Y lo que revela la cinta es cómo, pese a todo, nuestra sociedad se mueve en base a ellas; ocurría en el 1963 y ocurre en el 2003 ("Atrápame" es una historia de absoluta actualidad pese a su ubicación temporal hace 40 años). Lo que Frank Abagnale Jr. descubre casi sin pretenderlo es que en la vida vale más contar con una buena máscara que mostrar tu verdadero rostro. Pese a ser un estafador, Frank consigue con esa máscara dinero, fama, prestigio y éxito profesional. Carl Hanratty, sin embargo, es un hombre sin máscaras: Dice la verdad (hasta el final, ni siquiera le miente sobre la policía francesa), se niega a contarles chistecitos a sus hombres para parecer simpático, y no emplea truco ni engaño alguno para disimular su condición de agente del FBI, ni siquiera cuando anda a la caza de un posible sospechoso. ¿Y qué ha conseguido? Una vida vacía y solitaria, el recelo de unos compañeros que le consideran un sieso y un trabajo gris y anónimo al que se aferra con obstinación porque es lo único que le queda en su patética existencia. Ninguno de los dos es un triunfador, pero Frank progresa en un mundo en el que el hábito sí hace al monje, al menos durante un tiempo, y en donde a poco que se rasque, la apariencia de la mayoría de las personas, desde el padre idolatrado a la madre ejemplar, pasando por el amigo fiel, la modelo ilustre o la novia enamorada, se revela pura fachada, una mera etiqueta como las que Frank arranca compulsivamente de las botellas. Nombres falsos, documentos falsos o uniformes falsos son sólo recursos propios de una sociedad engañosa que rinde culto a lo superficial y aparente, de ahí que le sirvan al protagonista para moverse en ella como pez en el agua, y de ahí que pese a ser un incompetente total no tenga problema alguno a la hora de asumir puestos de responsabilidad en la misma.

Ácida ilustración como la vida misma (¿cuántas veces nos hemos encontrado a inútiles como castillos en puestos relevantes para los que no tienen preparación, a los que llegaron Dios sabe cómo?), "Atrápame" aporta algo inusual al divertido juego de gato y ratón propio de tantas comedias policíacas anteriores, estableciéndose un lazo casi amistoso entre ambos. (Un juego plasmado aquí en un ramillete de secuencias MAGISTRALES perfectamente punteadas por la espléndida música de un Williams que regresa a sus orígenes jazzísticos, y que incluyen desde los magníficos títulos de crédito de imaginativo diseño "sixtie" [son IMPRESIONANTES] hasta la encerrona en el aeropuerto de Miami, pasando por el primer y memorable encuentro de Frank y Carl en el hotel [pasará a la historia de escenas míticas de Steven]). Asimismo, esta cinta es ya una de las mejores comedias americanas de los últimos 15 años.

Y lo que aporta es un plus de cinismo e ironía en su visión de la sociedad que casi asocia las peripecias de Frank, ingenuo Lazarillo de New Rochelle que va aprendiendo lecciones y experiencia vital sobre la marcha no sin pasar más de un apuro, a nuestra novela picaresca, y que la convierten en mucho más que la simple versión cómica de ese muermo de "El Fugitivo", al tiempo que se desprende de clichés facilones como los que existían en la cinta de Davis (la noble y abnegada víctima inocente perseguida por el policía carismático, duro y chulesco) con la ayuda de unos actores en estado de gracia (excelentes Walken y DiCaprio, e incluso Hanks quien es capaz de llevarse el gato al agua con su antológica interpretación de Hanratty) y unos personajes más dignos de lástima que de admiración, totalmente entroncados con el mundo Spielberiano.

Frank Abagnale se niega a crecer, empeñado en recuperar una infancia feliz que se rompió en pedazos aunque él se niegue a reconocerlo, Frank Abagnale podría ser la versión adolescente del solitario Elliott de "E.T.", incapaces de darse cuenta de que su aventura les conduce al desastre, y perseguido por un hombre que, irónicamente, está tan solo y necesitado de amistad como él, hacinándose cada nochebuena (la fecha en la que la soledad muerde más duramente a sus víctimas) en una oficina convertida a efectos prácticos en su único hogar. No es extraño por tanto que Spielberg, un niño solitario marcado fuertemente por el divorcio de sus padres cuando tenía 17 años y el alejamiento de la figura paterna (un ingeniero electrónico al que adoraba), que como es sabido consiguió en su juventud entrar en los Estudios Universal en busca de trabajo colocándose traje y corbata y fingiéndose un joven ejecutivo de los mismos, se sintiera atraído por la peripecia del personaje de Frank, que le permite saldar con creces su cuenta pendiente particular con la comedia al tiempo que le da ocasión para regalar una nueva muestra de maestría cinematográfica total y absolutamente afín a su mundo personal.

De ahí que, lejos de ser un mero divertimento de transición entre obras más importantes, "Atrápame" constituya a mi juicio un título destinado sin duda a conformar un puesto de honor en el corpus Spielberiano pese a su aparente modestia, que conforma tras "AI" y "Minority Report" una tripleta de OBRAS MAESTRAS, así como una nueva ocasión de maravillar al público con la versatilidad manifiesta y la capacidad deslumbrante que destila el cine de este genio de nuestro tiempo, al que algunos hemos visto crecer imparablemente como cineasta pese a la persecución inicial (pura y dura, oiga; hubo un tiempo en el que parecía que Spielberg era el causante de todos los males del cine moderno, ciega, injusta y facilona simplificación de un problema global mucho más complejo de lo que se nos vende) de críticos transmutados en inquisidores, así como de pomposos (cuando no envidiosos) colegas de profesión que en su mayoría han terminado por besarle el culo y a los que hoy día, con la salvedad de un muy escaso ramillete de maestros en activo que ya son parte gloriosa del cine americano, procede decirles con sorna: Superadle si Podeis. Sólo el uso que hace Spielberg de los flashbacks es magistral, intercalándolos con un ritmo IMPRESIONANTE

Spielberg ha conformado una comedia genial, dinámica, con un aire clásico impresionante pero a la vez tan actual que asusta. La historia, el guión, es a mi gusto casi perfecto, dotando de un ritmo agilísimo, sobre todo con la genial intercalación de los flashbacks (por si alguien no sabía que el genio de Steven sabía y podía hacerlo). La historia que cuenta, sin ningún ánimo de hacerlo dramático, lo trasforma en una aventura, donde priman los personajes. Tan antagónicos como parecen en un principio Leo y Tom, se torna en una "corre que te pillo" porque en el fondo buscamos lo mismo. Y resulta que Spielberg nos da una lección magistral de historia de personas, dinamizada con un juego del perro y el gato magistral.

Apoyado en una dirección de actores (ya habitual, porque sacar genialidades del crió, del Cruise) y ahora de Hanks y DiCaprio (lo del Walken ya es de escándalo). El personaje de Hanks, que no tenía nada de fácil, en manos de Spielberg y del actor, resulta ser imprescindible e impresionante. Otro tanto paso con el Leo, donde parecía que lo único que se necesitaba era una cara bonita, pero escenas como la del traje de Bond, la de la encerrona del aeropuerto, o la de Francia, o la del encuentro con Hanks (escena GENIAL y que pasará a la historia mire usted) le hacen hasta actor.

Apoyado en un Williams que parece que no pasan los años por él, pues vuelve a unos orígenes en una partitura de alucine. Apoyado en un Kaminski absolutamente impresionante, tanto en exteriores como interiores. La iluminación y foto de escenas en las oficinas del FBI, o de la fábrica en Francia, o cuando charlan padre e hijo son excepcionales. Apoyado en un diseño de producción de hace 40 años fantástico, apoyado en unos créditos de inicio ARREBATADORES, apoyado.....

Asimismo, "Catch Me If You Can" conforma un reencuentro con la comedia que Spielberg buscaba y necesitaba, dando sopas con onda a quién creía que ahora sólo se iba a dedicar a historia noñas con un universo ficticio. Ahora Steven nos lleva a una realidad, dándonos su visión afable y magistral de la realidad. ¿y sobre si me creo que fue así? ¡¡A quién cojones le importa!! "Atrápame" cuenta una historia de una búsqueda de la felicidad de dos personajes a través de las apariencias (uno) y a través de lo justo (el otro) y resulta que a ninguno de los dos les va bien. "Atrápame" cuanta la historia de una persecución, de un impostor, y me da igual si está basada en hechos reales o no.

En fin, resumiendo la genialidad en un párrafo, creo que la dirección es absolutamente brillante y con momentos sublimes, que la interpretación es magistral desde Walken, con un Hanks y Dicaprio que están también soberbios, que mañana mismo voy a comprarme esa hipnotizante banda sonora que Williams a vuelto a sacarse de la manga (hacía muchos años que una BSO no me dejaba tan impresionado, quédense a los títulos del final, y oigan), que lo del polaco (Janus Kaminski) es ya un escándalo (la fotografía es maravillosa y PERFECTA), que el guión es de manual de la perfección y que hasta los títulos de crédito me parecen magistrales, los mejores que he visto en una pantalla de Cine (unidos a la música introductoria de John). Y sí, su única pega es que es divertidísima (hablo de entretenimiento, no de comedia), algo que seguramente empezarán a achacarle los que consideran que para que una película sea considerada buena tiene que llevar el peso de la trascendencia a sus espaldas. Ilusos...
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