jueves, julio 09, 2009

Berlin

La semana pasada estuve trabajando en Berlín. En una de esas reuniones de revisión de un proyecto europeo de Salud que me han llevado por medio mundo. Como siempre llegamos un día antes por la tarde (el miércoles) y volví el sábado. Es decir, para dos días intensos de trabajo, hay que viajar un día antes y un día después.

La verdad es que Berlín me ha defraudado un poco. Es una ciudad muy grande, pero con muchos espacios abiertos. Además, pese a ser una ciudad turística, no se ha notado el ajetreo propio de los sitios así. Es decir, nada como Londres, Madrid, Nueva York, etc. En general parece poco concurrida, aunque por la tarde-noche, a la hora de cena, si que hemos encontrado sitios concurridos. Pero como digo, paseando por las calles y demás, no hay mucha gente. En general es muy cómoda y bonita.

Pero a lo que iba, lo que me ha defraudado es la sensación de que Berlín no tiene "identidad", o mejor dicho, que no transmite mucho. He sentido que la ciudad, pese a tener un pasado impresionante, es como si lo hubiera perdido. El hecho es que, por desgracia, está prácticamente reconstruida por completo desde la Segunda Guerra Mundial. Está reconstruida de una manera bastante moderna, muy impersonal. Eso, esa es la sensación, impersonal.

El mayor ejemplo de esto es el Reichstag. Edificio del parlamento alemán (o Bundestag), que fue testigo de excepción de la toma de Berlín, con el episodio de la izada de la bandera roja sobre su tejado. Ha sido reconstruído por nada menos que Sir Norman Foster. Se puede visitar y subir al tejado, donde se ha instalado una nueva versión (moderna) de su cúpula. Pues bien, estando ahí, lo siento, no sentí nada. No me transmitió nada. Debería significar mucho, recordar mucho, y ser un símbolo impresionante. Pues no. A parte de las preciosas vistas, y que de hecho, el edificio es impresionante, no hay más.

Pues esto me ha pasado con buena parte de la ciudad. Llena de edificios modernos, junto a otros emblemáticos, como la Puerta de Brandeburgo, cuya presencia es de lo más bonito de la ciudad. Por ejemplo la plaza Alexanderplatz que también tiene mucha historia, está rematada por la torre de televisión (Fernsehturm) de 368 m de altura. Pues así la plaza pierde mucho, estando como "cortada".

De todas formas, toda esta apreciación no quita para que Berlín no se vea como una gran capital. El hecho de que tenga los ríos Spree y Havel de por medio la da un toque muy especial. En el último día estuvimos en la parte más antigua de la ciudad, donde se ubicaban muchas de las casas de los judíos. En especial unas con unos patios muy bonitos y característicos. Por desgracia fueron objetos de las escenas de desalojos.

En fin, Ha sido un duro viaje de trabajo, pero donde la primera tarde y la última pudimos sacar algo de tiempo para hacer unas visitas.

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