lunes, julio 26, 2010

Belle de Jour


Este fin de semana, después de mucho tiempo, ha sido cinéfilo. Pero de salón, nada de acudir a las caras, frías y pequeñas salas de Cine de Bilbao. No. Tocaba revisitar clásicos y películas actuales. Con tiempo relataré las tres que han caído en el fin de semana, pero empecemos por el clásico. Tenía yo en casa una edición de colección del periódico "ABC" de cine clásico, donde no podía faltar Luis Buñuel. Recuerdo que "Belle de Jour" la vi hace muchos años, seguramente con unos ojos menos críticos y menos ambiciosos, y sobre todo, sin poder apreciar lo poderosa, enigmática, sugerente, sugestiva, imperturbable y virtuosa que es.

"Sévérine, una joven casada con un atractivo cirujano, es incapaz de tener relaciones sexuales con él, pese a sus sueños eróticos, bastante extravagantes por cierto. Sévérine descubre la existencia de la prostitución. Curiosa, Sévérine ingresa a la casa de citas de Anais y termina acostumbrándose a una doble vida, puta por la mañana y casta esposa por la noche. Pero la aparición de Marcel, un delincuente que se enamora de Sévérine, complicará la cómoda situación de la protagonista"

De tras de este resumen se encuentra una intrincada película. Como decía, enigmática, pues el desconcierto al que nos somete Buñuel en los primeros compases de la cinta es inmenso, pero a la vez, sugerente, pues la figura central de Sévérine, o mejor dicho, de una BELLÍSIMA Catherine Deneuve reina en todas las escenas.

La cinta es un compendio de arte visual y sonoro, centrado, como digo, en las vivencias extrañas (por decir algo) al que se somete la protagonista. Los problemas existenciales de ella misma son muy duros, y el espectador asiste desde un punto de vista privilegiado. Pero es que además de ser técnicamente preciosa, con una soberbia dirección de cámara y planificación de escenas, y casi perfecta, con un sonido bárbaro, y con una espléndida fotografía (a cargo de Sacha Vierny), tiene una interpretación central de la Deneuve IMPRESIONANTE.

En fin, humildemente poco más se puede decir de un clásico tan bello y de una película tan genial, que no pasa de moda (como precioso es el vestuario de Yves Saint Laurent que luce la protagonista en toda la película) y que su visionado es ciertamente impresionante.
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