martes, agosto 16, 2011

Descalzos en el Parque

Este fin de semana le ha tocado el turno al cine clásico. Se trata de una película de 1967 (algunos ni habían nacido), de esas que se hacían antes, romanticonas, graciosas, y sobre todo, BIEN HECHAS. Con una factura impecable, con una narración ágil, con un principio, una historia y un desenlace. 

Lo primero que hay que decir es que "Descalzos en el Parque" ("Barefoot in the park", para una vez que la mierda de traducción/doblaje de este país lo hace bien, hay que decirlo) es la adaptación al cine de la comedia teatral del mismo nombre escrita por Neil Simon y estrenada en Broadway en 1963. Es importante, porque TODA LA CINTA ESTÁ CONCEBIDA para ser observada como en el teatro. Con los escenarios planificados (ese indescriptible pisito, el descansillo del hotel, etc.) y con los movimientos de la cámara perfectamente sincronizados con los diálogos y los actores, la película es una recreación teatral preciosa. Como digo, se nota muchísimo, y además, se agradece que sea así, con un gran trabajo de dirección donde predominan las tomas muy largas, poniendo a prueba la destreza de los actores, que tienen que lidiar con los diálogos rápidos y punzantes, así como con el escenario.

El argumento sería el siguiente: "Paul (Robert Redford) y Corie Bratter (Jane Fonda) son una joven pareja de recién casados que se disponen a iniciar una nueva vida en su diminuto apartamento alquilado en Manhattan. Para Corie, el matrimonio sólo puede entenderse como una aventura apasionada al estilo de las novelas románticas, mientras Paul es un tipo realista que trata de capear el temporal de sentimientos de su esposa mientras se hace un hueco en el difícil mundo de la abogacía".

La cinta se mueve, en todo momento, entre el romanticismo más clásico, ese de la mujer enamoradísima de su marido, descubriendo el mundo del amor, y la comedia de situación y personajes. Los primeros minutos, que pueden chocar por el tono amoroso de la cinta (en el sentido más melodramático y rezumando azúcar y miel), son una fantasía de la protagonista. Jane Fonda está fantástica en el papel de joven enamorada, loca por su marido. 

Pero en seguida vemos que la cinta va mucho más allá. Es una comedia SIN LÍMITES. Dónde los diálogos (recomiendo verla en VOSE, aunque sólo sean unos minutos, para apreciar la mutilación que se realiza de una obra artística con el doblaje) son buenísimo, rápidos y no dejan títere con cabeza. 

La cinta va cobrando interés. De verdad, los primeros minutos parecen desanimarte, incluso pensar que la cinta no merece la pena, pero en cuanto empiezan las situaciones más comprometidas en el "pisito" y aparecen los dos personajes secundarios (la madre de ella, una genial Mildred Natwick) y el vecino del ático, el señor Velasco, interpretado por un Charles Boyer en estado de gracia) la comedia se desata y es un continuo ir y venir de diálogos y situaciones preciosas, graciosas y muy muy bien hechas.

La química entre Redford y Fonda es total. Y eso que el personaje de ella es mucho más difícil que el de él. Ya que ella tiene continuos cambios de humor. Pero hacen una pareja increíble. Redford, jóven entonces (21 añitos), demuestra que es un verdadero actor. De esos que expresan todo y nada con los gestos de la cara y el cuerpo. Que transmiten sensaciones y estados emocionales, y que encima debe dar la réplica a una alocada mujer.  Pero sin duda, el acierto (tanto de guión como de trabajo actoral) de los personajes secundarios hace de la cinta una preciosidad. Es decir, el guión, acertadísimo, no sólo cuida a los dos personajes principales, sino también a los dos secundarios, sin los que no sería nada.

En fin, una película donde las situaciones divertidas y disparatadas se suceden de principio a fin, y donde el guión es lo que cuenta, los actores están al servicio del mismo, pero lo hacen de manera extraordinaria, y una cinta que va de menos a más, constantemente.

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