viernes, febrero 17, 2012

El Caso y el Secreto Thomas Crown

En realidad el título es "The Thomas Crown Affair" pero dado que tenemos dos películas con el mismo título original, y que voy a hablar de ambas, me referiré a ellas en castellano. He revisado "El Caso Thomas Crown" de 1968 con Steve McQueen y con Faye Dunaway. La verdad es que ha sido una decepción. En primer lugar, no me acordaba mucho de cuando la vi hace años, muchos, en algún ciclo de La 2. Recuerdo haberla visto antes que el remake de 1999 con Pierce Brosnan y con Rene Russo titulado "El Secreto de Thomas Crown", Y la verdad, y sin que sirva de precedente (ahora mismo no recuerdo un caso igual), el remake es muchísimo mejor película que la original.

"El Caso Thomas Crown" es una película centrada en la relación amorosa de los dos personajes (no hay más que ver el cartel de la película). Tenemos al inteligente y frío millonario que roba por placer, por emoción, frente a la fría y calculadora, perra de presa, investigadora de seguros. Salta el romance entre ellos. Pero no funciona. Nada. No hay química. La Dunaway es una mujer irresistible, pero lo estropea el bueno de McQueen. Lo siento, le falta energía, calor, sentimiento. Está el 100% de la película exactamente igual. Pese a una escena con sugerentes movimientos de los dedos de la Dunaway por sus brazos, boca, e incluso una nada escondida invitación a una felación (alfil de ajedrez mediante), el bueno de Steve parece el mismo cartón piedra. 

La película de 1968 carece de emoción. De ritmo, de energía, de tensión. No hay nada. Hay escenas milimétricas que no cuentan nada. El robo inicial no invita a estar ante una gran película de robos, sino a que estamos ante un documental sobre como medir el tiempo. La cinta carece de emoción por enganchar al espectador a verla. El personaje de Crown está simplemente dibujado, con pinceladas muy simples del poder que tiene, de lo rico que es, y de la necesidad que tiene de emociones fuertes. De nuevo, buena parte de la responsabilidad la tiene el personaje interpretado por McQueen, que no transmite nada.

Además, la nula química entre los personajes lastra la historia, puesto que nunca es creíble la conversión de la investigadora, ni tampoco los motivos que tiene Crown de volver a demostrar que es capaz de hacerlo.

Finalmente, las dos tramas que existen en la historia (los robos, y la atracción entre Crown y su perseguidora) están francamente mal mezcladas, no sabemos porqué se actúa como se actúa y muchas veces se mezclan.

La película de 1999 tiene emoción, acción, maestría en las escenas de robo y sobre todo a un personaje con clase, estilo y que representa sin duda algo, de manera magistral al necesitado de emociones de Thomas CrownBrosnan lo borda.Es un tipo que destila clase, saber hacer. Es la versión actualizada de Cary Grant, que usando las palabras de Don Alfredo, Brosnan podría llevar un huevo podrido en la cabeza y aún así, parecería elegante. De hecho, en la última que hizo de Bond, con barba, desaliñado, mojado y en pijama, era capaz de entrar en un hotel y parecer un señor. Pues bien, esa es la mejor baza de "El Secreto de Thomas Crown", pero no la única....


...La química que surge entre Russo y Brosnan es instantánea. Russo no es una mujer descomunal (como lo podría ser la Dunaway en 1968) sin embargo el atractivo de la cazadora frente a la presa surge inmediatamente. Las 'ene' escenas eróticas de "El Secreto" (la de las escaleras, la del baile, etc.) se comen con patatas a la psicodélica escena de colorines tras el ajedrez de "El Caso". Cuando Brosnan y Russo están juntos en pantalla, la llenan, hay sentimientos (lucha, erotismo, deseo, repulsión, burla, etc.) y sobre todo, actuación conjunta. Como digo, la química entre la pareja protagonista es de lo mejor de la cinta. Pierce Borsnan, que demuestra una vez más lo bien que le sientan los personajes cínicos, y Rene Russo provocan que salten chispas en la pantalla. Su feeling es innegable, mucho mayor que el de la original.

Y luego está la puesta en escena. Obviando las diferencias de años en que trabajaron, las diferencias de saber hacer una peli de acción entre John McTiernan ("Depredador", "Jungla de cristal", "La caza del Octubre Rojo", "Jungla de cristal. La venganza" por citar algunas) y Norman Jewison ("En el calor de la noche", "Rollerball" y "Huracán Carter" por citar otras) son abismales. McTiernan sabe lo que es empezar con un terremoto y de ahí, para arriba. Comparar la escenografía, puesta en escena y realización del primer robo de cada película es poner en ridículo la de 1968, como digo, salvando las distancias de 31 años.

Como digo, "El Secreto" empieza y termina con un robo. Dos prodigiosas "master pieces" en las que McTiernan demuestra su mano para crear suspense, ritmo y emoción, que atrapa al espectador y no lo suelta. El robo llevado a cabo justo después de la presentación del personaje de Crown durante los títulos de crédito, nos devuelve al McTiernan de sus inicios. La planificación, de una precisión admirable, y sobre todo un montaje soberbio introducen al espectador en la trama.

Y eso, que McTiernan realiza continuamente referencias a la original, no sólo en la presencia de la propia Dunaway (es la psicólogo de Crown), sino calcando PERO MEJORANDO escenas: La de la subasta, la de la apuesta de golf, la del aeroplano, etc. Y todo esto manejando de manera magistral las dos tramas de la historia. Al espectador le resulta tan interesante el juego de seducción que Crown y perseguidora se traen entre manos (con escenas muy pero que muy subidas de tono y bien hechas), como la forma en la que Brosnan se las ingenia para robar, y encima devolver, obras de arte que se suponen intocables en el famoso museo de New York. McTiernan maneja con inteligencia ambas tramas, llevándolas en pareja, y consiguiendo que una sea la respuesta a la otra.

En fin, como decía por ahí arriba, un caso insólito de un "remake" que es bastante, aplastantemente mejor que el original. La película de McTiernan tiene una elegancia formal. Un thriller de alto standing, que desprende clase, y con una banda sonora excepcional, todo sea dicho.

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