miércoles, mayo 02, 2012

Sherlock Holmes: Juego de sombras

La continuación de la primera magnífica película del 2009 es un rotundo fracaso. Lo siento, no me ha gustado. Todo lo que en la primera me parecían virtudes (lo podéis releer aquí) en esta me parecen errores descomunales, básicamente por el hecho de repetirse hasta la saciedad. Dónde en una, la esencia era la virtud, aquí machacar con ello es incapacidad. Por otro lado, también hay cosas destacables para bien, pero eso es otro tema...

En esta "Juego de Sombras" asistimos  al "problema final". Sherlock Holmes (Robert Downey Jr.) y el doctor Watson (Jude Law) van a dar caza a su peor enemigo: El profesor James Moriarty (Jared Harris). Se supone que es alguien tan brillante y listo (o más) que el propio Holmes. Moriarty tiene como objetivo una serie de atentados en Francia y Alemania para desatar una guerra mundial y poder tener el gran negocio de vender armas a ambos lados. Holmes y Watson, acompañados por una extraña mujer, viajarán por Londres, París y Suiza con tal de encontrarle y detenerlo, en un acto final con cataratas incluidas.

Bien, el argumento mezcla cosas del original literario como "La Casa Deshabitada" y "El Problema Final", pero mucho más predecibles que en los libros, y, de paso, sin ninguna gracia. No hay aventura desbocada ni ritmo endiablado (como había en la del 2009), no. Hay locura cinematográfica por confundir al espectador con planos rápidos e imposibles, pero sin alma. Vuelvo a repetirme, las perlas de virtudes que tenía la primera en cuanto a los efectos especiales y momentos memorables (como los flashforwards) aquí son repetidos hasta la saciedad, sin importar si encajan o no. Como funcionó en la primera, ahora hacemos 100 tazas más, y listo. Pues no, no funciona.

El guión se ha dejado en manos de un mono borracho, ya que es la única explicación que le veo a los inconexos diálogos, las réplicas sin sentido y los giros y regiros de la trama que no aportan nada. Eso, por no decir los personajes totalmente rotos, como el de Mycroft. Hablando de personajes, Law y Downey siguen siendo lo mejor de la cinta, cada uno haciendo lo que mejor sabe y realmente dando vida a Watson y Holmes. De hecho, se nota el esfuerzo de ambos por salvar la película, pero es imposible. Es una delicia ver la cinta en VOSe como la hemos visto en casa, y disfrutar de las voces y giros de vocabulario. Posíblemente, junto con la estupenda banda sonora de Hans Zimmer, lo único que se salva de la cinta.

Cómo decía, la cinta está plagada de repeticiones y escenas sin sentido. El mejor ejemplo es la huida de la fábrica de armas. Hay un "bullet-time-cámara-lenta" que dura como 5 minutos que es bochornoso y vergonzante, que no aporta nada y hace que nada fluya. Pues así 120 minutos. En la primera se hacía, con acierto, mención a la capacidad de Holmes para disfrazarse. Como funcionó, aquí se tira 3/4 partes de la cinta entre disfraces, y claro, satura, aburre, y deja de ser algo con estilo, innecesario. La pelea final en las  Cataratas de Reichenbach es otro ejemplo. ¿Qué aportan los dos flashforwards? ¿Era necesario? ...en fin..

Comentaba que Downey trata de salvar a Holmes, poniendo todo lo que puede y lo que hizo en la primera película, pero es que el guión lo ha olvidado tanto (al personaje, me refiero) que es imposible. No tenemos una película de Holmes, de Sherlock Holmes, la mente más brillante de su tiempo, no. Tenemos una versión de 1891 de un agente 007. No es más que eso, una cinta de Bond, pero en el mundo victoriano del siglo XIX. Es una pena, lo que le salió francamente bien a Ritchie en la primera, lo ha convertido en podrido en esta segunda. Una pena.

Mención especial a lo que le han hecho a Stephen Fry. Magnífico actor, magnifica encarnación de Mycroft Holmes. Pero el guión, y esos monos borrachos, lo caricaturizan. Lo llevan más allá de lo excéntrico y lo convierten en un monigote. Otra pena, otro gran personaje y actor desaprovechados.

En fin, una película sosa, aburrida, sin ritmo, repetitiva y que no aporta nada. Excesivamente larga, le sobran, tranquílamente, 30 minutos. De la que sólo se salvan las interpretaciones, las voces de los actores, el diseño de producción y la magnífica banda sonora, pero que todo ello, no es, para nada, suficiente para salvar la majarada de Ritchie y sus monos borrachos...

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