lunes, agosto 20, 2012

Que se Mueran los Feos

Película del fin de semana, de esas que no sabes que tienes en el disco duro multimedia y que se pone para amenizar la tarde-noche del sábado. Pues bien, de amenizar NADA, más bien "amierdizar", ya que la cinta es mala, muy mala, pésima con ganas y nunca debería haber salido de una sala de montaje.

"Que se Mueran los Feos" es una comedia romántica dramática española de esas que se supone sabe hacer el cine español como churros. Y efectivamente esa es una de sus facetas, esta película la hemos visto mil veces, otras tantas mejoras. "Que se Mueran los Feos" tiene todos los clichés del género, tiene un guión mil veces contado, carece de frescura, de personalidad y no ofrece nada nuevo.

La cinta cuenta la historia de Eliseo (Javier Cámara), cojo y no muy agraciado, vive con su madre y su tío Auxilio (Juan Diego), eterno enfermo de cáncer. No ha encontrado a la mujer de su vida y no conoce el amor, así que se dedica a cuidar de la granja familiar. Años atrás ya había renunciado a su sueño: entrar en el conservatorio y estudiar trompeta; pero su madre acaba convenciéndolo de que vuelva a estudiar música. Sin embargo, sus planes se truncan una vez más, y el protagonista decide establecerse definitivamente en el pueblo, resignado a ser el eterno soltero del pueblo. A todo esto, aparece su cuñada Nati (Carmen Machi) buscando refugio y cariño tras enterarse de la infidelidad de su marido. Nati, que ha superado un cáncer de mama, muestra una alegría de vivir que contagia al desconfiado Eliseo, y a partir de ahí, se suceden los momentos cómicos y dramáticos.

La cinta quiere navegar más en lo dramático (y en lo romántico) que en lo cómico. Pero fracasa por varias cuestiones, sobre todo debido a que la carga dramática es inexistente, ya que el guión es nefasto, y a la poca química entre los actores. Todos parecen que trabajan solos. Ninguno establece vínculos con los demás, e incluso en los diálogos y situaciones más comprometidas, da la sensación de que cada uno grabó su actuación por separado. No hay nada. Además, el guión empeñado en ridiculizar a cada personaje, bien por algún defecto físico o por otra cuestión (un cojo, un tonto, un ligón, la fea, la ama de casa abnegada, etc..) hace que el resto de componentes de la definición de personajes hacía lo dramático sea imposible.

Y cómo decía por ahí arriba, encima es previsible, trillada y nada original. La cinta comienza con un suceso muy fuerte, previsible a más no poder, y de ahí al tedio continuado escena tras escena. Hasta los golpes en la cabeza de Javier Cámara, o los tropezones, o los diálogos son anticipados por el espectador sin posibilidad de evitarlo. Equívocos, diálogos previsibles, apariciones imprevistas, etc. son recursos contínuos en la cinta, pero todos adivinados y previsibles. Es que no hay chiste ni situación cómica o dramática (confesiones incluidas) que no adivinemos. Mal, muy mal.

Cómo decía por ahí arriba los personajes son malos de narices. El cura y la lesbiana, y la solución que se toma con ellos es un ejemplo de guión y definición nefastos, así como recursos tontos e innecesarios.  El personaje del tonto y retrasado es de vergüenza ajena, personaje recurrente en el cine patrio, por otro lado.

Pero es que además las interpretaciones están a la misma altura, mínima. Javier Cámara se ha encasillado tanto que no tiene frescura. Es lo mismo de siempre. La Machi lo hace fatal. Ni es cómica, ni es dramática. Es una estatua de mármol con el mismo gesto que en todo lo que la hemos visto siempre. El elenco de secundarios podría dar mucho de si (Pujalte, Silva, Ulloa) pero sus personajes son tan planos, que da igual.

En fin, un desastre. Si esto es lo mejor que nos tiene que ofrecer la comedia patria, apaga y vámonos. De verdad, un despropósito sin ton ni son. Con escenas sonrojantes (todo el final, con ese dueto de soluciones para dos personajes increíble), con diálogos planos e insulsos, y con un cariz de drama y comedia que no es ni lo uno ni lo otro. Para olvidar.

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