lunes, enero 05, 2015

El hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

La última película de la saga de "El Hobbit" fue peor de lo que creía. Soporífera, insulsa, sin sentido, alargada en exceso y sobre todo, anodina. Lo siento, pero Peter Jackson sigue sin saber lo que es la épica, sin saber transmitir emociones en esta saga (y tampoco en ESDLA). Y sobre todo, no sabe contenerse, no sabe contar una historia sin dar cien rodeos y sin contar todo lo que le rodea que no importa un pimiento, pero lo cuenta porque tiene metraje para ello.

"El hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos" tiene todos los problemas de las cinco películas anteriores y sin embargo, ninguna virtud. Lo único bueno de la cinta llega cuando pone "FIN". La narración es nefasta. Partiendo de un guión engordado a base de meter escenas sin sentido y personajes inventados, en escenas que no casan con su raza ni forma de hacer las cosas. La narración es lenta, bochornosa y perdida en espectáculo de luces y colores. Eso si qué sabe hacerlo Jackson, algo es algo.

Empezando por el inicio en una mal planificada escena de Smaug y la Ciudad del Lago. Un dragón que no debería haber durado más allá de los créditos, que da pena. Con un colofón en una bochornosa escena con un arco, un hombro y un niño. A partir de ahí, el "fregao" en el que se mete el guión para alargar una historia que se resuelve en una batalla es de vergüenza ajena. Mezclando historias con un ritmo mal planificado, una resolución anti-climática total, y por supuesto, Legolas haciendo el cabra con un joystick ancestral. De verdad, inverosímil y necio a más no poder.

La cinta naufraga en todos sus personajes. Incluso el buen hacer de Martin Freeman no es capaz de salvar ni a Bilbo. Pero es que el malo y el climax final en su muerte es patético. Los enanos siguen siendo personajes cómicos sin sustancia y los elfos son rebajados a la nada. Y por supuesto Tauriel y su enano enamorado que sonroja al personal. Patético.

En fin, se cierra una saga que creo jamás se debería haber rodado. Vale, es un espectáculo precioso de luces y colores, pero vacío de alma y sentimiento. Destrozando un original literario, que tampoco es que sea para tirar cohetes, pero que le daba mil vueltas a su adaptación cinematográfica. Con un guión estirado como el chicle, que ya sabíamos que iba mal. Si de tres libros de 300 páginas cada uno haces tres películas, de dónde coño sacas material para tres películas de un libro de 250 páginas. En fin. Sin más. Olvidar lo antes posible.

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