martes, mayo 10, 2016

El Laberinto de las Aceitunas

2ª novela de la serie del detective anónimo, con el genial, divertido y extraño protagonista que Eduardo Mendoza inició en "El Misterio de la Cripta Embrujada" (crítica aquí). Como en la anterior novela, Mendoza en un tono de humor absurdo pero divertidísimo nos cuenta una historia sobre la delincuencia y la corrupción en el entorno español de la recién estrenada "democracia" (más o menos sobre el año 1980). Su maestría en el lenguaje para colarnos una crítica moral y social es infinita.

El argumento sería: "El protagonista abandona el sanatorio mental en el que ha estado seis años recluido(mediante un secuestro realizado por el comisario Flores) para cumplir una sencilla misión: llevar hasta Madrid un maletín que contiene una estimable cantidad de dinero. Sin embargo las cosas no salen como estaban previstas y nuestro protagonista se verá envuelto en unos líos de cuidado. Con la ayuda de Emilia Corrales, alias "Suzanna Trash", y del estrambótico don Plutarquete Pajarell, nuestro singular detective se enfrenta a una enrevesada trama en la que intervienen actores frustrados, magnates de las aceitunas, algún que otro monje y seis ingenieros espaciales.".

Cómo decía en la entradilla, los temas de los que trata la obra, envuelta en esa historia policíaca, y sobre un tono de humor constante, son la compenetración entre los personajes, la amistad, la lealtad y por contra, la corrupción. Los personajes que buscan con anhelo el dinero, a través de malas acciones, violencia y demás son contra-puestos a nuestros protagonistas que buscan la verdad.

Un aspecto que me gustó de la anterior, pero que aquí está llevado al extremo, es que la novela es totalmente imprevisible. No sabes lo que va a pasar a continuación y cada vez se vuelve más increíble, pero coherente. Es totalmente endiablada, muy entretenida y divertida. Cómo dije en el anterior libro, siempre que entres al trapo del humor absurdo de Mendoza, por su manera de parodiar todo, y sobre todo, dejándote llevar por la maravilla de lenguaje y por las barbaridades que describe con un léxico magnífico.

La ironía en manos de Mendoza es absolutamente deliciosa, y cada diálogo, cada descripción y sobre todo como nos cuentan los personajes sus vivencias, con esas comparaciones, hipérboles, y demás, es una maravilla. El uso del lenguaje por parte de Mendoza es, práctico, sencillo pero precioso. Y por cierto, me sigo descojonando de los nombres tan increíbles que se le ocurren a Eduardo Mendoza: Doctor Sugrañes, Pepito Purulencias, Comisario Flores, Don Ceregumio Lavaca (es el ministro de agricultura), Toribio Pisuerga, Emilia Corrales (alias Susanna Trash), María Pandora, Plutarquete Pajarel, Enrique Rodríguez (alias Boborowsky), Hans Fórceps, etc.

En fin, una obra magnífica. De esas que están tan bien escritas que cada párrafo es pura delicia. Además de divertida, crítica y ácida. Para no perdérsela.

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