jueves, diciembre 01, 2016

Diamantes para la Eternidad

Cuarta novela de Ian Fleming sobre el agente ficticio del servicio secreto británico James Bond que devoro. Digo devorar porque se lee en un verbo y la verdad es que me ha gustado mucho, mucho. Me sigue sorprendiendo que siendo novelas muy ligeras (no nos engañemos, no son literatura de altura), inscritas en una época muy concreta, y con el único fin de entretener, estén tan bien hechas. La trama está construida de manera muy elegante, clara y concisa. La ambientación, en este caso en Las Vegas y New York, sea perfecta. El resultado es una novela con un magnetismo increíble, que engancha desde la primera página hasta la última. Y estamos hablando de un libro de 1956, en un mundo muy diferente al actual. Eso sí, con un personaje icónico que centra absolutamente toda la novela, el agente 007 Bond, James Bond.


El argumento de "Diamantes para la Eternidad" sería el siguiente: "Inglaterra está preocupada por una red de contrabando de diamantes que opera desde África y acaba en UK y en USA. Por tanto, el Servicio Secreto encarga al agente Bond que se infiltre en la organización, haciéndose pasar por contrabandista. Bond cierra una operación de contrabando de diamantes que se había iniciado en las minas de diamantes de Sierra Leona y termina en Las Vegas. En el camino Bond conoce y se enamora de una de los miembros de la banda de contrabandistas, Tiffany Case. Cuando Bond escala a lo más alto de la red, las cosas empezarán a complicarse.".

El libro tiene un ritmo endiablado, como los tres anteriores que he leído. Ian Fleming  nos mueve desde Sierra Leona hasta Las Vegas pasando por un montón de escenas de acción. Siempre con Bond en el centro. Y le vienen como un guante. Carreras de caballos, persecuciones en coche, tiroteos, trenes, etc. Todo relatado de manera sencilla pero emocionante.

Personajes recurrentes que se agradecen. Sabemos de Felix Leiter (continuando con los sucesos de "Vive y Deja Morir" y hasta ahí puedo escribir) que es un personaje increíble y le da la réplica a Bond como un compañero inseparable. Además, la chica Bond, como siempre, poco más que un florero tiene sus escenas también. La pena es que el malo malísimo está algo desdibujado. Es más, son mejores personajes sus secuaces, como Shady Tree o los matones Wint y Kidd.

En fin, un libro divertido, sencillo pero que engancha. Con un personaje de un magnetismo inmenso, cuyas aventuras, aunque desfasadas, siguen siendo interesantes. Merece la pena visitar esta saga.

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